
En el marco de este mes de octubre, que comenzó con la conmemoración del Día Internacional del Adulto Mayor, tenemos la oportunidad, como país, de mirar con gratitud, responsabilidad y visión estratégica hacia quienes han construido los cimientos de nuestra sociedad.
Estamos llamados a reflexionar sobre el legado de nuestros adultos mayores, el desafío demográfico que enfrentamos y la urgencia de construir un país que honre la longevidad con dignidad, inclusión y verdadero propósito humano.
Este artículo propone una mirada social, ética y espiritual al envejecimiento en Costa Rica, “porque cuidar a nuestros mayores no es solo política pública: es un acto de fe, justicia y amor”.
Costa Rica está envejeciendo. Y no solo en cifras: en visión, en urgencias y en atención adecuada. La baja natalidad y el aumento sostenido de la longevidad están transformando nuestra estructura poblacional, nuestras prioridades institucionales y, sobre todo, nuestras responsabilidades éticas.
Según datos del INEC, la tasa de fecundidad nacional ronda los 1,3 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional. Mientras tanto, el porcentaje de personas mayores de 65 años supera el 9% y se proyecta que alcanzará el 20% en 2050. Los menores de 15 años representan menos del 20% de la población, con una tendencia decreciente. En otras palabras: tendremos más abuelos que nietos. ¿Estaremos preparados?
Más longevidad, menos natalidad
La clásica pirámide poblacional costarricense se ha erosionado. Hoy, la base juvenil se estrecha, mientras se ensancha el segmento adulto mayor. Este cambio no es solo demográfico: es estratégico. Afecta pensiones, seguros, salud, educación, vivienda, empleo y hasta la narrativa institucional.
Lo anterior, porque menos nacimientos implican menos cotizantes, menos estudiantes, menos fuerza laboral. Y más longevidad implica más cuidados, más dependencia, más presión sobre los sistemas de salud, de seguros y de pensiones.
Desde el lanzamiento de la Política Nacional de Envejecimiento y Vejez 2023–2033, Costa Rica ha dado pasos concretos y esperanzadores:
- Enfoque de derechos humanos: Se abandona el paradigma asistencial y se promueve el cumplimiento pleno de los derechos de las personas mayores.
- Seguridad económica: Se prioriza el poder adquisitivo de las pensiones y se promueve el empleo sin discriminación por edad.
- Salud integral: Se impulsa el envejecimiento activo, el reconocimiento del rol de las personas cuidadoras y el fortalecimiento de los servicios socio-sanitarios.
- Buen trato y protección: Se refuerzan mecanismos contra la violencia y se promueve una cultura de respeto intergeneracional.
- Reconocimiento internacional: Costa Rica ha sido destacado por el UNFPA como laboratorio regional de resiliencia demográfica.
Honrar la vida y cuidar el legado
Desde una visión cristiana, la longevidad es una bendición y una gran responsabilidad.
Honrar y cuidar a nuestros mayores no es solo un deber social; es un acto de fe, justicia y amor, que implica:
- Cuidar con dignidad: Reconocer el valor espiritual de cada etapa de la vida.
- Acompañar con amor: Integrar el cuidado emocional y la presencia humana en cada servicio.
- Planificar con propósito: Diseñar modelos institucionales que reflejen compasión, justicia y esperanza.
El libro bíblico de “Proverbios” recuerda que “la corona del anciano es su experiencia; su gloria, una vida vivida con justicia”.
La longevidad es una bendición, no una carga. Y como sociedad, estamos llamados a honrarla con acciones concretas que se reflejen en nuestras políticas, empresas y comunidades.
En el rediseño de un bienestar intergeneracional, Costa Rica puede liderar con modelos inclusivos, resilientes y profundamente humanos. Pero, para ello, se necesitan:
Modelos colaborativos por parte del Estado, lo cual implica legislar con visión demográfica (reformar leyes de pensiones, salud y empleo para adaptarlas a una sociedad longeva); fortalecer la institucionalidad (consolidar el Conapam como ente articulador, con recursos y capacidad técnica) e impulsar un sistema nacional de cuidados, que integre salud, asistencia, espiritualidad y acompañamiento emocional. La CCSS no debe olvidar su crucial participación en los servicios que se brinda a esta población.
Además, se hace necesario educar para la longevidad, incluyendo en el currículo escolar valores de respeto intergeneracional y envejecimiento activo.
El sector privado está llamado a innovar con propósito humano y esto incluye acciones como: rediseñar los seguros para incorporar coberturas de dependencia, cuidados paliativos y planificación anticipada, y promover la inclusión laboral sénior (incentivar la contratación de adultos mayores y el emprendimiento intergeneracional).
Y la sociedad civil también tiene su cuota de responsabilidad en fomentar esta cultura del cuidado. Debe fomentar las redes comunitarias (iniciativas vecinales de acompañamiento, voluntariado y cuidado intergeneracional); promover espacios donde los adultos mayores compartan sabiduría, fe y experiencia, y combatir el edadismo, lo que empieza por desmontar prejuicios y promover una cultura que valore la vejez como etapa de plenitud.
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William Alcázar V. es consultor profesional.