
Como si se tratara de una obra de la Grecia clásica, la tragicomedia como recurso literario me permite abordar un problema legendario y realista a la vez, con efectos cómicos, donde los dioses mitológicos no intervienen en la muerte de los hombres y no hay más de una acción al mismo tiempo.
Pero ¿qué tiene que ver mi introducción con la muy noble y leal ciudad de Cartago? Pues la verdad, mucho. La ficción no está lejos de la realidad. La provincia a la que la historia le legó el origen de la patria vive una realidad totalmente trágica, y la parte cómica es, como se dice popularmente, un estado en el cual es “mejor reír que echarse a llorar”.
Es lamentable cómo el retroceso tiene sus consecuencias, y cuando se debe actuar, se retrocede aún más. Problemas puntuales: el transporte público, una línea de buses incapaz de llegar a San José, autobuses varados a medio camino, servicio de tren suspendido, una obra en construcción sin fecha de conclusión.
Básicamente, es imposible salir de una provincia atrapada en el tiempo. Como si se tratara del regreso de Odiseo a Ítaca, los dioses se empeñan en hacer lo imposible para que no suceda.
Cartago es una isla perdida que, a diferencia de Ítaca, se encuentra en la Gran Área Metropolitana. Sumemos a la tragedia el nuevo hospital, un proyecto que data de hace 15 años, donde lo menos que importa es la salud y la vida de los cartagineses.
Al igual que en el antiguo teatro griego, se siente la ausencia de los “dioses mitológicos”, aquellos con la autoridad para dar soluciones prontas.
La tragedia se llama Cartago, una provincia que se encuentra a la deriva. Lo más triste es que una gran mayoría de la gente lo ha normalizado. Es parte del día a día quedarse varado en un bus o pasar alrededor de dos horas en una presa. Ya es parte de la rutina, y de la queja no se pasa.
Como dice una frase que a veces se atribuye al filósofo francés Jean de La Bruyère y otras a Horacio Walpole: “La tragedia es para quienes la viven, pero la comedia para quienes la miran de lejos”. En este drama sabemos los papeles de quienes lo viven y de quienes lo observan.
Además, siguiendo con el recurso literario, en el antiguo teatro griego no se podían realizar dos acciones al mismo tiempo en escena. Lo mismo sucede en Cartago, donde se cae un puente y también se suspende el tren; donde se abre un paso por la carretera, pero no está disponible el bus; donde se desata un nudo por una parte y se arma otro.
¿Qué pensarían los antepasados del lejano 1910, quienes, con menos posibilidades, reconstruyeron Cartago luego de una desgracia?
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Josué Arias Hernández es docente de primaria.