
Un terremoto no avisa. Cuando comienza a moverse el suelo, nada podemos hacer para modificar la intensidad del fenómeno. Pero, mucho antes de ese momento, existen decisiones que pueden marcar una diferencia entre enfrentar una emergencia y quedar expuestos a ella.
En Costa Rica, hemos aprendido durante más de un siglo que la seguridad frente a los sismos no depende únicamente de la naturaleza del movimiento. También depende de cómo diseñamos, construimos y mantenemos nuestras edificaciones.
El terremoto de Cartago de 1910 y la posterior evolución de la normativa sísmica marcaron un cambio profundo en nuestra manera de construir. En 1974 se publicó el primer Código Sísmico y, desde entonces, sus sucesivas versiones han incorporado conocimientos derivados de la investigación y la experiencia profesional.
Sin embargo, tener un Código Sísmico no significa que todas las construcciones del país tengan el mismo nivel de seguridad. El riesgo aumenta cuando una obra se ejecuta sin diseño profesional, sin control adecuado de los materiales, sin supervisión o mediante sistemas constructivos que carecen de suficiente respaldo técnico.
Este punto debería interesarnos a todos, incluso a quienes han cumplido con sus responsabilidades, porque la seguridad de una persona no depende únicamente de que su propia vivienda haya sido correctamente diseñada. Una edificación deficiente puede convertirse en una fuente de peligro para otras personas. Por eso, el cumplimiento de las normas no es solamente una decisión individual. Forma parte de una responsabilidad colectiva.
Tampoco debemos caer en la falsa tranquilidad de pensar que una casa pequeña representa necesariamente un riesgo menor. El tamaño de una construcción no sustituye el diseño estructural. Una vivienda de dimensiones reducidas también puede ser vulnerable si fue levantada sin criterios adecuados de ingeniería.
¿Qué puede hacer una persona ante un sismo?
Lo primero es conocer el estado de su propia vivienda o edificio. Una evaluación realizada por un profesional permite determinar cómo fue diseñado, qué condiciones presenta y cuán preparado está para responder a las demandas sísmicas correspondientes al sitio donde se encuentra.
También conviene identificar elementos que pueden causar lesiones aunque la estructura principal no colapse. Ventanas, vidrios, cielos suspendidos, luminarias, muebles y estanterías pueden desprenderse durante una sacudida fuerte. Revisar estos componentes y reconocer los lugares que deben evitarse durante el movimiento es parte de una preparación responsable.
Durante el sismo, especialmente dentro de edificios altos, no es recomendable intentar evacuar mientras la estructura está en movimiento. La sacudida puede provocar caídas o contacto con elementos que se desprendan.
Lo prudente es mantener la calma, alejarse de ventanas y objetos pesados y esperar a que termine el movimiento para evacuar de manera ordenada. Mientras tanto, la recomendación es buscar un lugar próximo a elementos estructurales, como muros de concreto o las zonas cercanas a las uniones entre vigas y columnas.
También debemos cambiar una idea muy arraigada. Una estructura sismorresistente no es una estructura que necesariamente permanecerá intacta. En realidad, lo que se presume es que, ante el evento de diseño (sismo de máxima intensidad), la estructura experimentará daño e incluso deberá ser demolida posteriormente. Esto es algo inherente a la metodología de nuestro Código Sísmico, que se fundamenta en el diseño de estructuras dúctiles capaces de desarrollar grandes deformaciones permanentes y, mediante ellas, disipar la energía del sismo. Su propósito fundamental es evitar el colapso y proteger la vida de las personas mediante una respuesta estructural diseñada para disipar la energía del terremoto.
Seguridad sísmica, responsabilidad de todos
Costa Rica ha construido durante décadas conocimiento, normas y capacidades profesionales para enfrentar los terremotos. No podemos impedir que la tierra tiemble, pero sí podemos decidir cuán responsablemente construimos sobre ella.
El Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos (CFIA) señala que su Departamento de Inspección y Control tiene entre sus funciones verificar que las obras se desarrollen conforme a las normas y al marco jurídico vigente, en protección del interés público.
Lamentablemente, el Colegio reportó, en junio de 2026, que 1.216 de las 5.934 obras inspeccionadas durante el último año (el 20%) no tenían licencia o permiso municipal.
Por eso, el permiso municipal es un primer elemento que puede revisarse, ya que las municipalidades son las responsables de otorgar el permiso de inicio de las obras, mientras que el Colegio vela por el correcto ejercicio profesional.
Cuando la casa del vecino puede poner en riesgo la suya
Una edificación levantada sin diseño estructural, sin supervisión profesional o al margen de las normas puede convertirse en un riesgo para las propiedades y las personas que se encuentran a su alrededor.
Ante una ampliación, un segundo piso u otra modificación que genere dudas razonables sobre su seguridad, no hay que esperar a que ocurra un evento sísmico. Lo responsable es solicitar una evaluación profesional para verificarlo.
La seguridad sísmica no termina en el límite de nuestra propiedad, ya que, durante un terremoto, las consecuencias de una construcción deficiente pueden trascender sus propias paredes. Y es vital averiguarlo para actuar a tiempo, no el día del terremoto.
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Francisco Villalobos Ramírez es experto en diseño estructural y docente de Ingeniería Civil en la Universidad Fidélitas.