Manuel Otero. 25 julio, 2019

En América Latina y el Caribe, cerca de 40 millones de personas se van a dormir cada noche sin haber cubierto sus necesidades mínimas de alimentación. Un 6,1 % de los habitantes están subalimentados, y el número creció en el 2018 por tercer año consecutivo, debido principalmente a la crisis en Venezuela.

Los casos más extremos están en Bolivia, Guatemala y Nicaragua, donde más del 15 % de la población está subalimentada. Sigue Haití, con 45 % y Venezuela, donde el 80 % de los ciudadanos no tiene acceso apropiado a los alimentos.

Brechas. En América tenemos exportadores netos de alimentos, como Brasil, Chile y Argentina, países que, por cada dólar pagado para importar alimentos reciben hasta $12,5 por sus ventas externas. En el Caribe, Antigua y Barbuda o San Cristóbal y Nieves solo reciben 0,03 centavos por cada dólar que gastan en comprar bienes en el extranjero.

Siguiendo con la letra chica, llegamos al capítulo de la agricultura familiar, que involucra a 60 millones de personas en la región y representa un 64 % del empleo agrícola en el continente. Los pequeños agricultores, entre ellos mujeres y jóvenes, sufren la falta de acceso a infraestructura, educación y tecnología y, por esa razón, son la variable de ajuste de los procesos productivos.

En Centroamérica, más del 60 % de los agricultores familiares se encuentran en situación de pobreza, más de la mitad sin acceso a electricidad, apenas tres años de educación completos y más de una tercera parte es analfabeta. Las mujeres, además, sufren brechas inaceptables: en el medio rural, el 8,4 % se encuentra en una situación de inseguridad alimentaria severa, en comparación con el 6,9 % de los hombres.

Hambre como límite. Uno de cada cinco habitantes de zonas rurales americanas está subalimentado, y padece brechas sociales, productivas y comerciales que crean riesgos sociales y disparidades urgentes de corregir. Los datos corresponden a un detallado panorama sobre las perspectivas de seguridad alimentaria en la zona presentado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) en la Asamblea General de la OEA, celebrada en Medellín, Colombia.

La exposición es en sí misma un mensaje: necesitamos que el Sistema Interamericano reciba periódicamente las discusiones sobre los temas de la seguridad alimentaria y nutricional en la región, y el IICA es la institución idónea para plantearlos. Información oportuna y con indicadores claros permitirían generar una mayor toma de conciencia sobre casos en los que es necesario adoptar medidas correctivas.

La seguridad alimentaria y nutricional es una variable fundamental para avanzar hacia el desarrollo económico, social y político de nuestra región. Con hambre no hay educación, ciencia, desarrollo, crecimiento ni empleos.

Cuando se producen más y mejores alimentos, mejora la calidad de vida, los indicadores macroeconómicos y los ingresos de la sociedad en su conjunto.

En América Latina y el Caribe, debemos sumar esfuerzos y asumir las tareas pendientes para garantizar la seguridad alimentaria y nutricional de nuestros ciudadanos porque solo así estaremos construyendo un mejor futuro.

El autor es director general en el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura