Verónica Vado Herrera. 12 noviembre, 2020

Costa Rica abraza en pocos kilómetros cuadrados una incomparable riqueza multiétnica y pluricultural, y es semillero de artistas que dejan en alto nuestro país en el exterior.

El arte y la cultura son confundidos y vistos como un solo concepto, pero son diferentes. Por esta razón, decidí separarlos, ver el arte como el medio creativo, comunicativo y estético de la expresión de la cultura del ser humano, mediante el cual los trabajadores en este sector transforman o transmiten emociones, pensamientos e ideas utilizando diversos recursos, como los sonoros, visuales, corporales y lingüísticos, entre otros.

Cuando hablo de cultura, me refiero a un sinnúmero de significados, pues es un término amplio y en constante formulación, pero, en este caso, lo entiendo como la manera de ver la vida de una comunidad humana, el modo de pensar en sí mismos los miembros, de construir una sociedad, sus costumbres y tradiciones, que integra también las manifestaciones artísticas y su impacto.

Ambos poseen valor económico y valor simbólico e identitario, por lo que contribuyen al crecimiento y al desarrollo social, político y económico de toda nación donde se asignen fondos a proyectos que fomenten, conserven, impulsen y motiven el emprendimiento de su cultura y su quehacer artístico, por ende, a los trabajadores en este gran sector.

Desde el punto de vista económico, el patrimonio cultural, la educación, la gastronomía, los libros y las revistas impresas, así como la música y los conciertos, las artes escénicas, el cine, el entretenimiento, el turismo y las artesanías, aportan riqueza de manera directa a través de la remuneración económica personal, la contribución al PIB es un 2,2 %.

Asimismo genera empleos para miles de personas, pero estos disminuyeron por las medidas de contingencia debido a la pandemia, causando estragos en la economía familiar.

Repercusiones. En el 2019 en Costa Rica, alrededor de 30.000 personas se desempeñaban en arte y cultura, y de estas unas 4.000 se encontraban en pobreza o pobreza extrema.

En lo que va del 2020, el porcentaje ha ido en aumento en vista de que el sector cultural no puede producir y a estas alturas del año vemos lejano un plan de reactivación económica para mejorar las condiciones en el 2021.

El recorte del presupuesto del Ministerio de Cultura y Juventud propuesto semanas atrás en la Asamblea Legislativa no toma en cuenta que los proyectos dirigidos al pueblo y servidores de la industria creativa serán los primeros en ser afectados.

Tampoco considera que la reducción o eliminación de programas de fomento y desarrollo en las comunidades prácticamente sepultaría a profesionales del sector creativo y cultural, en consecuencia, reduciría nuestra capacidad como país de levantarnos de la crisis sistémica en la que nos encontramos.

Entonces, solo nos quedarían los espacios escénicos sin generación de empleados, sin ejecución de proyectos y docentes sin posibilidades de transmitir su conocimiento; una Costa Rica sin producción artístico-cultural.

La realidad requiere medidas extremas de reducción de gastos, mas el arte y la cultura no son un gasto, sino una inversión en el pueblo.

Falta análisis. Mientras otros países apuestan por fortalecer este espacio, conscientes de la importancia para el resurgimiento y desarrollo nacionales, en Costa Rica algunas personas aún creen que es un gasto innecesario o superfluo y proponen un recorte sin que medie un análisis sobre las cadenas de valor y la afectación directa en quienes vivimos de esta actividad económica.

El pueblo necesita del arte y la cultura, pero no para que sean usados como medio político para dejar en mal a un gobierno o al otro ni para hacer campaña política, sino para contribuir a superar una crisis de un pueblo, acompañar a una comunidad a levantarse de una pandemia, a desarrollar un país con habitantes creativos y saludables.

Invertir en cultura es invertir en el pueblo. La cultura es factor fundamental en la regeneración de los tejidos sociales y económicos sustentables, y más aún luego de una crisis mundial como la actual, de la cual es necesario salir a flote en un contexto convulso y violento.

La cultura y el arte no son un lujo, sino una inversión de recursos para impulsar el desarrollo del país y engendrar ciudadanos más sensibles, críticos y con pensamientos divergentes, es decir, un pueblo más empático y resiliente.

El presupuesto para la cultura no debe ser recortado. El pueblo necesita que el sector cultural siga produciendo espacios de expresión y, a su vez, genere empleo en tiempos de crisis.

Para ello, es necesario que las instituciones que la tutelan sigan teniendo presupuesto para promover proyectos que incidan y diseñen, en conjunto con el sector, planes de contingencia y reactivación económica y social.

La autora es mediadora y gestora cultural.