Danilo Rodriguez Arias. 12 abril

Con este artículo me prepongo crear conciencia sobre varios aspectos que deben corregirse para beneficio de la población.

Mi filosofar en esta materia data de varios meses y se aceleró después de la decisión de Conape de dejar de financiar varias carreras saturadas. Me referiré específicamente a la de Nutrición, aunque mi profesión es ingeniero mecánico.

Existe una sobreoferta de nutricionistas y la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) está colapsada por filas de personas cuya demanda es recibir atención por múltiples problemas de salud.

Se ha dicho en varias oportunidades que el 70 % de las enfermedades son prevenibles. Para ello, basta con una adecuada alimentación. ¿Por qué, entonces, no llevamos a los nutricionistas desempleados a las aulas de escuelas y colegios a impartir clases?

Si los estudiantes son entrenados para preferir los alimentos nutritivos, el resto de sus familiares se verán beneficiados indirectamente mediante la inducción de los propios hijos.

Mi petición concreta es, primero, a los nutricionistas: continúen educándose para transformar la sociedad en individuos capacitados para alimentarse adecuadamente. Segundo, a Conape: siga financiando la carrera de Nutrición. Al Ministerio de Educación Pública (MEP): cree programas de estudio que introduzcan, como parte de la educación formal, clases de nutrición en todos los niveles en escuelas y colegios. El programa se puede reforzar con deportes y un manejo adecuado de los desechos, con vistas a tener un país y ríos más limpios a mediano y largo plazo.

La CCSS debe ayudar a financiar al MEP para poner en operación esta propuesta.

Resultados esperados. Es altamente probable que a mediano y largo plazo la CCSS reporte grandes ahorros al disminuir la atención directa de pacientes y una baja en la compra de medicinas. Con esos recursos, es factible mejorar los programas en conjunto con el MEP y, ¿por qué no?, hasta financiar el fondo de pensiones cuyos números están en rojo.

Otra consecuencia positiva es la baja en el desempleo, al crear plazas para nutricionistas y trabajos indirectos en el ámbito alimentario, como la producción de bocadillos saludables para los estudiantes y la población en general.

El valor de mi propuesta está en vivir en una Costa Rica donde los ciudadanos gocen de buena salud mediante hábitos alimentarios que redundarán en satisfacción personal y, consecuentemente, seguiremos siendo uno de los países más felices del mundo.

El autor es ingeniero mecánico.