Mariano Batalla. 15 marzo

Canlis, un restaurante de alta cocina en Seattle, es uno de los 20 mejores de Estados Unidos y aclamado por el New York Times como el más fino y elegante de la ciudad.

A partir de hoy suspenderá su operación indefinidamente como medida contra la pandemia y abrirá tres nuevos restaurantes: una tienda pop-up de bagels para el desayuno, una hamburguesería de autoservicio para el almuerzo y un servicio de entrega de cenas a domicilio. Todo desde su local.

Como en Seattle, en Costa Rica la prioridad actual no es la alta cocina. Canlis reconoció que, con pandemia o sin ella, todos necesitan comer y con creatividad se ajustó a la nueva realidad de sus clientes.

La consecuencia del covid-19 en la economía necesitará incentivos gubernamentales para hacerle frente. Pero, como empresarios, es posible ver problemas como oportunidades

Algunas ideas. Una empresa de servicios podría seguir operando de forma virtual. Un plan piloto a través de una tienda en línea o una cuenta de WhatsApp son opciones. Servicios como educación, psicología y derecho es posible brindarlos parcial o totalmente de forma remota.

Mantener a flote la operación será clave. Sin embargo, el peor escenario es que haya una propagación superior a la capacidad del país para combatirla y eso comienza por el aislamiento. Es cuando los descuentos y las promociones a clientes que compren a través de una tienda en línea, autoservicio, servicio a domicilio o plataforma tecnológica servirá para evitar riesgos y exposición al virus.

El aislamiento no quita las ganas de querer (¡o necesitar!) entretenerse, ejercitarse y socializar. Un gimnasio puede dar clases virtuales y recomendar ejercicios u objetos que los clientes tienen en casa. Una banda musical tiene al alcance dar un espectáculo virtual. ¡Doble puntaje si involucra al público de alguna forma!

Ofrecer enviar a domicilio lo necesario para hacer un platillo en casa, incluido acceso a una plataforma para la versión virtual de un almuerzo familiar de fin de semana, es otra alternativa.

Una marca de consumo masivo podría otorgar premios o descuentos futuros al usar sus productos en reuniones virtuales.

Cines y teatros podrían aliarse con artistas y ofrecer “combos” de entrada a un espectáculo virtual con pase a un espectáculo presencial en fecha posterior. Bares y restaurantes podrían ofrecer comida y bebida a domicilio para los festivales virtuales. Es decir, salirse del molde con originalidad.

El aislamiento tampoco impide soñar con vacacionar o una luna de miel. Para paliar una eventual disminución de ingresos, empresarios turísticos juntos tendrían la capacidad de ofrecer paquetes, recomendaciones personalizadas y descuentos a cambio de pagar ya, con la flexibilidad de disfrutarlos en el futuro.

Escribiendo estas líneas, hablé con mi peluquero, Greevin, y le pedí su número de cuenta para depositarle el equivalente a mis próximos dos cortes. ¡Espero no tener que recurrir a mis destrezas peluqueras de las cuales mis hijos fueron víctimas en sus primeros años!

Así como Greevin, peluqueros, manicuristas, dentistas y otros profesionales a quienes les sea difícil o imposible seguir estas recomendaciones, apreciarán que nos solidaricemos y paguemos por adelantado sus servicios.

Sin bien esta medida no es una política económica robusta, es una forma más de asumir nuestro papel en la sociedad.

El autor es empresario y asesor.