Ricardo Boza Cordero. 28 mayo, 2019

La adherencia a los tratamientos (tomar la medicación de acuerdo con la dosis) lo definen varios organismos de la salud como “un proceso dinámico en el cual el paciente no solo cumple con las indicaciones médicas, sino que participa activamente con el personal de salud para el éxito de su tratamiento, es consciente de su responsabilidad en el autocuidado de la salud”.

Con esto se modifica el paradigma de la atención centrada en el médico, se amplía esa visión y se establecen nuevas intervenciones como el manejo en equipos interdisciplinarios, la valoración continua de la adherencia mediante instrumentos adecuados, pero, principalmente, la incorporación del paciente como un actor fundamental en todo este proceso. Así, la adherencia es un concepto complejo por lo que su enfoque no debe ser simplista, debe ser interdisciplinario.

Este concepto es básico para el tratamiento de las enfermedades crónicas, como la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, el asma bronquial, el VIH/sida, las enfermedades mentales, entre otras, las cuales en los últimos años han aumentado en todos los países dado el cambio epidemiológico experimentado.

Evaluación continua. Decía un viejo profesor: “Los medicamentos no trabajan en pacientes que no se los toman”. Verdad de Perogrullo, pero el tomarse un medicamento o el seguir las indicaciones del equipo de salud es un proceso muy complejo que involucra aspectos médicos, psicosociales, presencia de redes de apoyo, estado socioeconómico, uso de drogas recreativas, nivel educativo, etc.

La adherencia es un proceso dinámico, por eso necesita una evaluación continua por parte del equipo de salud. Algunos pacientes, en su primera valoración, tienen bajos índices de adherencia, pero esta se va modificando con el tiempo, mediante la constante educación para la salud.

Las personas tienen el derecho de conocer su diagnóstico, las implicaciones para su salud, cómo enfrentarlo, conocer los diversos exámenes que se les realizarán, el nombre de los medicamentos, como actúan y sus posibles efectos secundarios. Para ello, como decíamos antes, solo la intervención interdisciplinaria con trabajo en equipo con médicos, psicólogos, trabajadores sociales, enfermeras, farmacéuticos, nutricionistas, etc., dará los frutos deseados.

Se calcula que la adherencia a los diversos tratamientos, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, oscila entre un 20 % y un 50 %, es decir, menos de la mitad de los pacientes cumplen las indicaciones médicas.

Lo anterior tiene enormes repercusiones en la salud pública porque la mayoría de estas personas presentarán complicaciones como obesidad, infartos de miocardio, insuficiencia renal y cardíaca, derrames cerebrales, suicidio, amputaciones de miembros, resistencia bacteriana a antibióticos e ingresos constantes a los hospitales, y engrosarán las listas de espera para procedimientos médico-quirúrgicos generalmente muy costosos, lo que en muchos casos pudo evitarse con un adecuado seguimiento de su enfermedad.

Desafío. Considero que este es un reto de las autoridades de salud para que inviertan más recursos en el desarrollo de clínicas para la atención interdisciplinaria de las enfermedades crónicas.

Como decían los autores de un reciente artículo aparecido en la prestigiosa revista médica The Lancet, refiriéndose al tratamiento de las enfermedades cardiovasculares: “Actualmente, los médicos enfrentan el factor de riesgo más desafiante: la no adherencia”.

En el Hospital San Juan de Dios, desde hace más de 25 años funciona una clínica para la atención de personas con VIH y con el enfoque de equipos interdisciplinarios se han obtenido excelentes resultados. Más del 85 % de las personas atendidas alcanzan el éxito terapéutico, según las diversas evaluaciones en el tiempo, algo similar a lo conseguido en clínicas especializadas de países europeos.

El autor es médico infectólogo, catedrático emérito de la UCR.