
La vida avanza a pasos acelerados. Nos exige responder con inmediatez en el trabajo, en la casa, en nuestros múltiples roles. Como mujer profesional, como hija, como esposa, como madre, como hermana, tía y nieta que ha acompañado a personas amadas en enfermedades complejas como el cáncer, muchas veces me detengo a pensar cómo, en medio de esa velocidad, encontramos el espacio para cuidar lo más valioso que tenemos: nuestra salud.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, conmemorado cada 8 de marzo por iniciativa de las Naciones Unidas, quiero compartir un tema que, aunque técnico en apariencia, es profundamente humano: la descentralización como pilar para la equidad en la salud de la mujer.
Si tomamos como ejemplo una mujer diagnosticada con cáncer de mama, los datos son contundentes. Según la Iniciativa Mundial contra el Cáncer de Mama de la Organización Mundial de la Salud, en los países de ingreso alto, una paciente diagnosticada en estadios iniciales tiene cerca de 90% de probabilidades de supervivencia a cinco años. Pero esa cifra cambia dramáticamente cuando el diagnóstico se retrasa. Y, muchas veces, ese retraso no tiene que ver con falta de voluntad, sino con barreras geográficas, económicas y sociales.
Imaginemos a una mujer que vive en una zona rural de Costa Rica. Recibe un diagnóstico de cáncer y, para iniciar su tratamiento, debe levantarse de madrugada, tomar un bus y viajar cinco o seis horas hasta San José. No solo enfrenta la angustia natural que implica la enfermedad; también debe pensar quién cuidará a sus hijos ese día, cuánto ingreso dejará de percibir, cómo impactará su ausencia en la dinámica familiar. Luego vendrán las horas en el hospital y, al final del día, el largo trayecto de regreso a casa.
Cuando hablamos de equidad en salud, hablamos de ella. Hablamos de entender que no todas las mujeres parten del mismo punto, que las oportunidades de acceso a un diagnóstico y tratamiento oportunos dependen muchas veces del lugar donde nacieron o viven.
En esta visión de equidad, la descentralización de servicios de salud especializados es una estrategia fundamental. Descentralizar permite optimizar la ruta del paciente desde su lugar de origen, ofreciendo una experiencia más personalizada y centrada en sus necesidades al acercar la atención especializada a las comunidades.
La atención cercana a las comunidades no es nueva en Costa Rica. Y sobre esa experiencia es posible ampliar las oportunidades para una atención especializada fuera de la Gran Área Metropolitana.
Implementar estrategias de descentralización contribuye directamente a reducir la saturación de los hospitales centrales. Al llevar servicios a las comunidades, se logra una atención más fluida, disminuyen los tiempos de espera y se evitan desplazamientos largos.
Aquí es donde la innovación tecnológica y farmacológica se convierte en una gran aliada. Hoy avanzamos hacia un enfoque de “medicina personalizada”, que abarca desde la prevención y el diagnóstico temprano hasta el tratamiento oportuno y el monitoreo constante. Ya no hablamos de soluciones masificadas, sino de tratamientos adaptados a cada paciente.
Un ejemplo concreto son las nuevas tecnologías de administración terapéutica, como las opciones subcutáneas. En pacientes con cáncer, esto puede significar recibir su medicamento en pocos minutos en un consultorio o un centro de salud comunitario, en vez de pasar horas en un centro de infusión intravenosa.
Cuando se reduce la saturación en los grandes hospitales, los profesionales de la salud recuperan su recurso más valioso: el tiempo. Tiempo para escuchar, para acompañar, para brindar una atención más humana.
Regresemos al cáncer de mama y a un dato fundamental: puede tener altas probabilidades curativas cuando el diagnóstico se da en etapas tempranas y el tratamiento se brinda sin interrupciones. Por eso, fortalecer la descentralización de los servicios especializados no es solo una mejora logística; puede ser la diferencia entre la vida y la muerte para miles de mujeres.
Para lograrlo, el país cuenta con una base sólida y la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) ha dado pasos importantes que confirman que es posible un manejo especializado en las comunidades. Sin embargo, es fundamental un abordaje integral. Necesitamos una colaboración abierta y transparente donde sector público, industria, academia y sociedad civil logremos sinergias para que la atención especializada cuente con una red de servicio de alcance nacional.
En este día, mi llamado es a mirar la salud con empatía. A pensar en esa mujer que hoy afronta un diagnóstico difícil y que, además, carga con desafíos logísticos, económicos y emocionales. A comprometernos, desde cada frente, con una visión que priorice a las comunidades más vulnerables.
Nuestro compromiso, como sociedad y como sistema de salud, debe ser ese: asegurar que la atención especializada sea más solidaria y más justa para las mujeres costarricenses, en especial para aquellas de las comunidades más vulnerables.
Melissa Delgado Barboza es directora de Asuntos Corporativos de Roche Caribe, Centroamérica y Venezuela.