El editorial de La Nación titulado en la edición impresa “Inconsistencias en torno al Acuerdo Transpacífico” y publicado el 1.º de octubre, acierta en algo esencial: exige que Comex explique ampliamente cómo se negoció, qué mecanismos de consulta se usaron y qué papel tuvo el sector privado. Como productor de leche de la zona de Los Santos, celebro esa exigencia.
Hasta aquí mi coincidencia con el mencionado editorial. Procedo ahora a señalar las debilidades que, en mi criterio, presenta lo publicado.
Me atrevo a calificar de ligera la forma en que el editorial “supone” que, “dada la vasta experiencia de Comex en estos procesos, trabajó de la mano con los diferentes sectores y tomó en consideración sus preocupaciones y, en la medida de lo posible, las incorporó en los acuerdos finales”. También supone que ese ministerio socializó oportunamente lo acordado.
Si se hubiera conversado con las cámaras, por ejemplo con la de productores de leche, se habría constatado que la posición de Comex fue siempre inflexible, y que, a pesar de las 12 reuniones que se dieron, no se tomaron en cuenta nuestras preocupaciones. Tampoco se dio ningún proceso de socialización.
Lástima el uso que el editorial hace de la expresión “toma y daca”, en la que los que estamos del lado del “toma”, los perjudicados, estamos claramente identificados. Los perjuicios que sufriríamos los del sector agro los podemos anticipar con facilidad, y serían en el corto plazo.
Los beneficios para el sector exportador son expectativas de mediano y largo plazo. Los retos de este proceso de inserción los reconoce acertadamente el editorial al decir que “no sucederá de la noche a la mañana ni será fácil, pero abriría las puertas para que, mediante una estrategia bien concebida y ejecutada, el país pueda diversificar sus mercados de exportación de una manera más agresiva”.
Insisto: estos beneficios, en este momento, son inciertos y de mediano y largo plazo. Los resultados están sujetos a la forma en que se lleve a cabo la mencionada estrategia. Los daños a nuestro sector son inminentes y de corto plazo.
¿Hay otros potenciales beneficiados, aparte de los exportadores?
Ningún país sensato expone en forma gratuita a sus sectores importantes. Eso lo estamos viendo en este tratado: países como Canadá y México han entrado al tratado con importantes protecciones para sus sectores lácteos. Entonces, ¿por qué nuestro país va a asumir una posición tan “generosa”, dejando al descubierto a un sector conformado por 28.000 fincas lecheras que generan 43.000 empleos?
Como paliativo, el editorial señala la responsabilidad del gobierno de implementar los programas de apoyo que se requieran. No podemos pecar de ingenuos: bien sabemos que, en nuestro país, las políticas públicas con respecto al agro son prácticamente inexistentes, y que esos programas de apoyo, en el mejor de los casos, llegarán tarde. Lo esperable es que no lleguen nunca.
Puedo entender que el editorial responde a la posición favorable al libre comercio que ha defendido La Nación desde hace décadas. Esa posición, por sí misma, es de respetar. Pero, en este editorial, pudo más el afán de defender esa posición ideológica que la voluntad de hacer un análisis riguroso de los pormenores de lo que se ha negociado en este caso.
A mi juicio, hay una contradicción en el editorial: por un lado, insta a que “Comex y el gobierno expliquen ampliamente la forma en que se llevó a cabo la negociación, los mecanismos de consulta utilizados y el papel desempeñado por el sector privado”, y, por el otro, advierte del peligro de las sorpresas y los “cambios abruptos de posición, tanto de parte del oficialismo como de los gremios o sectores que participaron en el proceso”. No veo cómo el editorial puede desaconsejar cambios en una negociación de la que desconocemos la forma en que se llevó a cabo, los mecanismos utilizados y el papel desempeñado por el sector privado.
Creo que es importante que todos salgamos de esa visión tan centrada en la zona metropolitana, que desconoce el mundo rural y el de las costas. Esta visión es la que nos ha llevado a tener un país con dos realidades sociales y económicas tan dispares y tan separadas la una de la otra.
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Manuel Ossenbach Sauter es productor de leche en la zona de Los Santos.