¿Cuánto tiempo y recursos pierde el país en la transformación de asuntos baladíes, personales o politiqueros en temas obligados, que llenan el tiempo y el espacio?
Que si renuncio, que si no renuncio; que si me acerco, que si no me acerco; que si me quiere, que si no me quiere; que si voy a la fiesta, que si no voy a la fiesta; que si llego temprano o que si llego tarde y qué van a decir si no llego; que si me da pelota, que si no me da pelota; que si estoy con él hasta la muerte o si todo esto es pura vida; que si la fracción legislativa firmará o no firmará, y cómo reaccionará mi amo y señor; que si lo quiero del todo o medianamente y qué pasará si solo me corresponde a medias; que si me dio un abrazo fuerte con beso o que si ni siquiera me tocó; que si pasaré de alcalde a diputado en las próximas elecciones o que si este será mi fin y qué dirán en casa y, sobre todo, qué pasará si, después de tanta entrega y angustias, pasa algo, pues todos llevamos, grande o pequeña, nuestra cruz a cuestas.
Y, en medio de la política electoral, la reforma fiscal, que, en pocos días, ha engendrado legiones de expertos y de almas pías quejumbrosas y preocupadas por la situación del país, dispuestos a dar la vida por la patria y por los pobres, pero jamás a pagar impuestos y ni siquiera las cuotas de la CCSS o el salario mínimo. Este es, según dicen, un deber moral y legal exclusivo de los asalariados'
Mientras tanto, en este torneo entre el vacilón, las falacias y el egoísmo, donde el bien común es para muchos un espejismo, una noticia de ayer de La Nación nos estremece: “Nueve niños de Costa Rica murieron por agresiones en el 2010”. Traducción fiel de la expresión “muerte por agresiones”: fueron asesinados en su propia casa. Según informaciones del Hospital Nacional de Niños, 858 menores se atendieron en el primer semestre del 2010: el 74% fue víctima de maltrato verbal y un 69%, de violencia física, la mayoría niñas. La presidenta ejecutiva de la CCSS, Ileana Balmaceda, manifestó que esta es apenas “la punta del iceberg”. Se llevará a cabo una campaña para hacer conciencia sobre la magnitud de este problema social. Sin embargo, este mal –la violencia contra los niños y las mujeres– se encuentra enraizado en el ADN biológico y cultural de un grueso sector de nuestro país.
Suelo retomar una sentencia de Novalis: “Donde quiera que haya niños, existe una edad de oro”. Le faltaron al poeta las palabras claves para que esta no sea una de las grandes mentiras de la humanidad: amados y respetados. Sin ellas, plataforma de su formación, la edad de oro se trueca en el peor de los infiernos. Es el barómetro de un país desarrollado y civilizado.