Estoy azorado. El motivo de mi quebranto es el campo pagado del Consejo de la Universidad de Costa Rica del domingo anterior. No había leído, en estas décadas, una denuncia de tal calibre y soy, al parecer, el único tico que la ha tomado verdaderamente en serio. Mi sobresalto es, entonces, de triple trueno: por el contenido profético del manifiesto, por su alcurnia intelectual y moral (el Consejo Universitario) y por la indiferencia popular con que se ha acogido.
Este parto o acuerdo, adoptado, posiblemente, tras sudorosas horas de reflexión, lleva este acápite: “En defensa de la soberanía nacional, la institucionalidad, los espacios de diálogo y la solidaridad” y “el estado social de derecho”. ¿Por qué en defensa? Porque según este cenáculo universitario, “conciencia lúcida y crítica” de la patria, estos bienes están en peligro en el gobierno de Arias. Para demostrarlo, denuncian “el uso desproporcionado de las fuerzas policiales”, “la represión policial sobre quienes se han manifestado en las calles…, sobre el sector estudiantil” y “el uso de mecanismos violentos” que podrían “provocar una confrontación de grandes dimensiones y graves consecuencias para la convivencia social”. La amenaza es tan morrocotuda que el periódico Granma , del honorable Gobierno cubano, ha abundado en informaciones de este linaje en estas semanas. ¡Patria o muerte!
Luego, viene este aterrador mensaje: “6. El país se encuentra en un período trascendental, similar al que se vivió en la década de los años 40 del siglo pasado. En ese sentido, a partir de las decisiones que se tomen ahora, se construirá la Costa Rica de los próximos cincuenta años”. Ni más ni menos. Si al 6 inicial de este considerando, le agregamos otros dos 66, estamos, pues, en poder de la bestia (666), que se abate sobre Costa Rica.
¿Cómo es posible que solo yo, en vela, campesino herediano y, peor aún, coterráneo de don Óscar Arias, haya leído este apocalíptico acuerdo universitario y lo haya tomado en serio? ¿Es posible tanto vacilón ante un Consejo Universitario, émulo, con este acuerdo, de políticos y sindicalistas? ¿Por qué solo yo y Granma , en la amada Cuba, reaccionamos ante las denuncias sobre el “fraude electoral”, la militarización de Costa Rica y “la ruptura del orden constitucional”, que leyó, hace una semana, el expresidente Monge ante una adormilada e indiferente concurrencia?
Algo serio ha pasado en Costa Rica: la gradería de sol se pasó a palco y los venerandos profetas, anunciadores de todos los males, se han quedado, con sus altoparlantes, fuera del estadio…