Editorial

Tasa de referencia en dólares y cotizaciones cambiarias

El mercado cambiario está respondiendo con flexibilidad y prontitud a las variaciones en los factores fundamentales que determinan el tipo de cambio real de equilibrio

Subió la nueva tasa de referencia en moneda extranjera que calcula semanalmente el Banco Central. También han subido, levemente, las cotizaciones del colón frente al dólar en el mercado cambiario. ¿Existirá alguna relación entre ambos movimientos?

La tasa de referencia en dólares es un promedio de todas las captaciones realizadas por los bancos comerciales en el mercado financiero local. Esta novel tasa tiene apenas cinco semanas de existencia y ya gatea. El primer paso lo dio el 26 de mayo, cuando subió del 1,89% al 1,96%. Luego, el 2 de junio, la vimos crecer a un 2,06%. La razón, a juicio de los banqueros consultados en nuestro reportaje publicado la semana pasada, es que el alza obedece a una carestía –o, tal vez, menor abundancia– de dólares circulando en nuestro medio. Íntimamente ligada a esa menor liquidez es la alta concentración de crédito concedido en esa moneda.

Las cotizaciones en el mercado cambiario también han mostrado un ligero incremento en los últimos meses, particularmente la semana pasada. Mientras que al iniciar enero el valor del dólar en el Monex –donde los bancos y las financieras comercializan sus excedentes y faltantes de moneda extranjera– el dólar se cotizaba en ¢537,85, al abrir el pasado viernes la cotización era de ¢543,30 y subió durante el día. En ventanilla, el tipo de cambio para la venta llegó a cotizarse a ¢547 por dólar.

Hay varias razones que tienden a explicar los incrementos en las cotizaciones cambiarias. Quien mejor le lleva el pulso es el propio Banco Central. En su informe sobre la economía nacional, publicado el 30 de mayo pasado, expresó: “Desde la segunda quincena de abril y en lo que transcurre de mayo, el tipo de cambio tendió a aumentar. El mercado privado de cambios continuó superavitario, pero en menor cuantía a lo observado en igual período de años previos. Además, los intermediarios cambiarios aumentaron su posición en divisas y el sector público no bancario (SPNB) presentó mayores requerimientos”. Aunque el monto de sus reservas internacionales netas prácticamente no varió –eran $7.834 millones en enero y ahora rondan $7.864 millones– hay otros factores que podrían explicar la variación en las cotizaciones.

Uno de ellos son los incrementos en los precios del petróleo y otras materias primas observados en las últimas semanas. Pareciera que los precios superbaratos de esas fuentes de energía y alimentos llegaron a su final, y podrían incluso subir más en los próximos meses. Y aunque los expertos estiman que no llegarán a los precios elevados de un año atrás, sí afectarán los términos de intercambio, que es uno de los factores fundamentales del tipo de cambio real de equilibrio. Puesto en términos más sencillos, el ahorro que tuvimos el año pasado y principios de este año en la cuenta corriente de la balanza de pagos por la menor factura petrolera se ha reducido y, en consecuencia, tendremos que pagar más y se incrementará la demanda de divisas.

Otro factor explicativo de una mayor demanda de divisas es el crecimiento de la producción real estimado para el presente año (4,2%) y el próximo (4,5%), que exigirá importar mayor cantidad de insumos y bienes de capital. También las menores tasas de interés y mayor liquidez consentida por el Banco Central para estimular el consumo y la expansión, y las propias expectativas de devaluación que, aunque han bajado comparadas con las registradas en meses anteriores, aún revelan tasas de incremento positivas. A un plazo un poco más lejano se vislumbra el incremento en las tasas de interés en los Estados Unidos, según ha anunciado la Reserva Federal de los EE. UU.

¿Qué podríamos tentativamente inferir de los eventos hasta ahora reseñados? Hay algunos aspectos positivos pero otros en los que se debe mostrar cautela. Entre los primeros, el más relevante es que el mercado cambiario está respondiendo con flexibilidad y prontitud a las variaciones en los factores fundamentales que determinan el tipo de cambio real de equilibrio y que no es necesario, por consiguiente, modificar el régimen cambiario ni exigir ajustes inducidos a contrapelo de las recomendaciones técnicas de organismos especializados como el BID y el FMI. También que las variaciones en el mercado cambiario pueden ser graduales y moderadas porque han sido moderados los cambios en los términos de intercambio y los que se esperan en el futuro. Algunos de ellos, como los eventuales ajustes en las tasas internacionales de interés, aún no han tenido lugar y se espera que se vayan materializando también muy gradualmente, según ha declarado la Fed.

Finalmente, el Banco Central mantiene un favorable nivel de reservas que le permite moderar presiones abruptas o de carácter especulativo que a veces se presentan en todo mercado cambiario. Pero esta puede ser un arma de doble filo. La intervención oficial en el mercado cambiario también podría ser utilizada para evitar ajustes en la nueva tendencia que comienza a perfilarse. Si así fuera, sería inconveniente. El reto, entonces, es permitir ajustes moderados en el tipo de cambio según la tendencia para no presionar las tasas de interés ni la inflación, ni contraer indebidamente la producción, en momentos en que se está recuperando. Eso sería muy saludable para las exportaciones de bienes y servicios y para la economía nacional.