Editorial

Editorial: Invertir en democracia

Cuando una sociedad se cansa de vivir amenazada y atemorizada, puede ceder a la tentación de renunciar a derechos y libertades fundamentales para conseguir la tranquilidad

13/07/2022, San José, Barrio Chino, recorrido por los locales y consulta a los peatones, sobre la seguridad en el Barrio Chino.
13/07/2022, San José, Barrio Chino, recorrido por los locales y consulta a los peatones, sobre la seguridad en el Barrio Chino. Jose Cordero

La respuesta a la alarmante ola de criminalidad y violencia no puede limitarse al fortalecimiento de la función represiva del delito. La prevención, por su parte, es mucho más que vigilancia. Las políticas sociales, educativas y económicas desempeñan papeles fundamentales en la estrategia de lucha contra la delincuencia, pero, en un país próximo a igualar los índices de homicidio de naciones vecinas, tradicionalmente más desafortunadas, el diseño de una respuesta integral no debe hacernos perder de vista la urgencia de dar el primer paso por la senda más obvia.

Los cuerpos policiales y el Ministerio Público carecen de los recursos necesarios para enfrentar una avalancha que amenaza con ubicar la tasa local de homicidios entre las más altas de la región, con 18 por cada 100.000 habitantes. También es necesario dotar a la administración de justicia penal de los recursos para resolver con prontitud y el sistema penitenciario debe estar preparado para recibir a un mayor número de detenidos, como ocurrió con la creación de los juzgados de flagrancia durante la administración de la expresidenta Laura Chinchilla.

La inversión en estos aspectos de la seguridad pública, aunque necesaria, no es grata. Ampliar las capacidades represivas del delito es confesar los fracasos del Estado y de la sociedad en los demás aspectos de atención urgente. No obstante, el desbocado aumento de la criminalidad exige una reacción anclada en la realidad.

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