Editorial

Editorial: Violencia en Salitre

Las reacciones gubernamentales por el asesinato del líder indígena Sergio Rojas son importantes, pero ninguna contiene la solución al problema de fondo. La resolución permanente depende del ordenamiento de la tenencia de la tierra con respeto a los derechos ancestrales de los pueblos indígenas.

fotos: Archivo/Grupo Nación 
El dirigente indígena Sergio Rojas Ortiz, de 59 años, fue asesinado a balazos la noche de este lunes en la comunidad de Salitre en Buenos Aires, de Puntarenas.
fotos: Archivo/Grupo Nación El dirigente indígena Sergio Rojas Ortiz, de 59 años, fue asesinado a balazos la noche de este lunes en la comunidad de Salitre en Buenos Aires, de Puntarenas.

No sabemos a ciencia cierta las razones del asesinato de Sergio Rojas Ortiz, destacado líder indígena y defensor de los derechos de la población autóctona sobre las tierras de Salitre, en Buenos Aires de Puntarenas. Conocemos, en cambio, la violencia ejercida contra el pueblo bribri en el marco de la disputa por sus terrenos ancestrales, en muchos casos transferidos por el Estado a colonos del Valle Central.

Horas antes del homicidio perpetrado a balazos, Rojas había acompañado a dos indígenas a la Fiscalía de Buenos Aires, precisamente para presentar una denuncia por amenazas. La Policía no ha establecido vínculos entre el homicidio y la denuncia, pero el caso ejemplifica las constantes tensiones en la zona y sus manifestaciones violentas. Según la Defensoría de los Habitantes, los indígenas denunciaron haber sido objeto de intimidación mediante detonaciones para que abandonaran tierras recuperadas.

Todo apunta a la prolongada disputa por tierras como móvil del homicidio. La propia Defensoría señaló la exposición de los indígenas a las “discriminaciones, ofensas, agresiones y ahora al asesinato”. Es necesario esclarecer el crimen más allá de cualquier duda porque la demostración de las bien fundadas sospechas añadirá sentido de urgencia a la solución de un problema demasiado dilatado.

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