Editorial

Editorial: Vandalismo irresponsable

Los vándalos lesionaron la fe y la cultura, para no mencionar la propiedad, pero también exacerbaron las tensiones de un momento político delicado.

09/03/2017, San José, seguimiento del vandalismo, después de las manifestaciones de un grupo feminista frente a la asamblea legislativa en contra de la iglesia y el candidato a la presidencia Fabricio Alvarado. Fotografía José Cordero
09/03/2017, San José, seguimiento del vandalismo, después de las manifestaciones de un grupo feminista frente a la asamblea legislativa en contra de la iglesia y el candidato a la presidencia Fabricio Alvarado. Fotografía José Cordero Jose Cordero

El odio, aunque disfrazado de protesta y justo reclamo, es fácil de identificar. Los lemas pintados en iglesias del centro de San José son una expresión inequívoca de intolerancia religiosa y una agresión contra los católicos. El rosario, la efigie de Juan Pablo II, ya canonizado, y las iglesias mismas son objeto de devoción de cientos de miles de costarricenses y, siquiera por eso, merecen respeto de los creyentes de cualquier denominación y de quienes, en ejercicio del derecho a la libertad de culto y pensamiento, deciden no creer.

Ese respeto, base del verdadero civismo, no nace de las convicciones religiosas, sino de la consideración debida a quienes las cultivan en una nación democrática, bien enterada de la relación entre la convivencia pacífica y la escrupulosa observancia de los límites impuestos por el derecho de los demás.

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