Editorial

Editorial: Una guerra comercial sin sentido

El daño que innecesariamente infligiría el presidente Trump a los países vecinos y a los consumidores de insumos y productos finales de su propio país es grave. Se trata de una declaración de guerra que nadie en su sano juicio entiende y nos pone a todos sobre aviso, particularmente a sus demás aliados políticos y socios comerciales

En la imagen, el presidente de EE. UU. Donald Trump, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; y Justin Trudeau, primer ministro canadiense.
Estados Unidos suspenderá por 30 días la imposición del arancel del 25% a los productos de México y Canadá. Foto: AFP AFP

Tras ignorar el consejo de los especialistas, el presidente estadounidense, Donald Trump, acordó la noche del pasado sábado imponer aranceles a las importaciones provenientes de Canadá, México y China, de un 25% para las mercancías de los dos primeros y de un 10% adicional para las originarias del tercero. Si la imposición de aranceles innecesarios es en cualquier circunstancia una mala idea, hacerlo injustificadamente contra sus vecinos más cercanos, sus aliados naturales en infinidad de temas, y sus más importantes socios comerciales es simplemente descabellado. No sin razón, el Consejo Editorial del The Wall Street Journal la calificó como la guerra comercial más estúpida de la historia.

Al hacerlo, Trump desconocía las obligaciones del acuerdo que él mismo había renegociado en su administración anterior, destruía la confianza que se requiere para alcanzar este tipo de convenios y garantizarles seguridad a inversores y empresarios, y hacía añicos la credibilidad negociadora del gobierno de los Estados Unidos.

Las razones que dio la Casa Blanca para justificar las medidas fueron muy poco convincentes. Si bien la tragedia del fentanilo es un grave problema que merece ser tratado con seriedad, tal flagelo está lejos de resolverse con la imposición de barreras al comercio y no da mérito para semejante decisión. Como bien lo dijeron desde un principio el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ellos también sufren en carne propia las secuelas de la droga y solamente con el diálogo y una colaboración tripartita será posible llegar a resolver dicho problema.

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