Editorial

Editorial: Trump se impone en Guatemala

El gobierno guatemalteco cedió a las presiones para modificar las reglas migratorias. Su acuerdo con Estados Unidos es cruel y ha generado una crisis de constitucionalidad.

El presidente Donald Trump saluda al ministro del Interior de Guatemala, Enrique Degenhart, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, en Washington, tras firmar el acuerdo migratorio, el 26 de julio del 2019. Foto: AP
El presidente Donald Trump saluda al ministro del Interior de Guatemala, Enrique Degenhart, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, en Washington, tras firmar el acuerdo migratorio, el 26 de julio del 2019. Foto: AP Carolyn Kaster

De manera inesperada, y pese al rechazo de su Corte de Constitucionalidad, amplios sectores de la sociedad civil y los dos candidatos que se enfrentarán en la segunda ronda presidencial el 11 de agosto, el gobierno guatemalteco firmó el viernes un cruel acuerdo migratorio con el estadounidense. Su componente esencial es asumir la condición de “tercer país seguro”, un artilugio lingüístico para encubrir de lo que se trata realmente: obligar a los migrantes salvadoreños y hondureños, que se dirigen hacia Estados Unidos con la intención de recibir asilo, a que primero traten de obtenerlo en Guatemala; de lo contrario, serán devueltos a este país una vez hayan ingresado a territorio estadounidense.

El acuerdo ha sido el penoso resultado de fuertes e ilegítimas presiones de Donald Trump y de un gobierno guatemalteco sumamente desgastado y dispuesto a ceder sin vergüenza alguna. Las más recientes amenazas consistieron en anunciar un gravamen a la importación de productos y a las remesas guatemaltecas, y una reducción de la ayuda para el desarrollo si no se alcanzaba el arreglo impulsado por la Casa Blanca.

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