9 febrero

Hay debate sobre el tamaño de la evasión fiscal, pero no cabe duda de su importancia. Para frenarla, el Ministerio de Hacienda lanza redes amplias, en las cuales siempre atrapa a los ciudadanos cumplidores y, con menos frecuencia, a los evasores. A falta de medios precisos para controlar la evasión, las autoridades exigen un sinfín de declaraciones e informes, todos a cargo de los contribuyentes, so pena de fuertes sanciones.

Los requisitos actuales son asfixiantes, exigen gastos en ayuda profesional y, de todas formas, dejan de detectar a buena cantidad de evasores.

El impuesto sobre la renta se declara al cierre del año fiscal, pero la declaración del impuesto sobre el valor agregado es mensual y cada tres años es obligatorio renovar, con detalles, la declaración del impuesto solidario (casas de lujo). Ahora, también, es preciso informar al Banco Central, cada año, la identidad de los accionistas de las sociedades, aunque no haya cambio. Como la ley entró en vigor durante la segunda mitad del año pasado, la declaración deberá repetirse pronto para evitar un desfase de las fechas y adoptar el ritmo anual. Mientras tanto, es indispensable gestionar el código de actividad de las personas jurídicas inactivas para declarar, en su momento, el valor de los bienes a su nombre. Todo eso además de las declaraciones y trámites en el ámbito municipal.

Los requisitos son asfixiantes, exigen gastos en ayuda profesional y, de todas formas, dejan de detectar a una buena cantidad de evasores. Sin tantos requisitos, la evasión probablemente sería mayor, pero esa no es medida de eficiencia de la tramitología. Un sistema tributario eficaz debe frenar a los evasores con el menor sacrificio posible para quienes cumplen.

El ministro de Hacienda, Rodrigo Chaves, lo sabe. Su aspiración, afirma, es un país donde el contribuyente reciba un correo con la declaración del impuesto sobre la renta completa y la solicitud de manifestar su acuerdo con un clic, o señalar su desacuerdo por la misma vía para obtener un pronunciamiento en el lapso de 72 horas.

En este momento, la aspiración parece una utopía, pero hay países donde los trámites tributarios son así de sencillos. Facilitar el pago de impuestos es, también, una forma de combatir la evasión. El contribuyente debe ser tratado como cliente, no como esclavo, obligado a hacer cuanto trámite invente la burocracia.

Los dos objetivos, el combate contra la evasión y el respeto para el contribuyente, son tareas imposibles debido a las obsoletas plataformas tecnológicas del Ministerio de Hacienda. Por eso, es necesario respaldar la renovación anunciada por Chaves cuando tomó las riendas de la cartera. El ministro tramita un préstamo de $150 millones para modernizar los sistemas. Es una inversión capaz de pagarse a sí misma, a muy corto plazo, con los ingresos producto de la evasión evitada. Es, por otra parte, una suma modesta comparada con los beneficios para el contribuyente responsable.

Si el país no invierte en la tecnología adecuada, la aspiración de Chaves seguirá siendo una utopía y Hacienda se verá obligada a tirar sus amplias redes, segura de atrapar a los ciudadanos responsables en una maraña de trámites e incapaz de frenar a buena parte de los evasores. Los métodos rudimentarios, a falta de recursos tecnológicos eficaces, tienen un alto costo social y político.

El trámite del préstamo tardará lo acostumbrado por la banca de cooperación internacional. Hacienda debe hacer lo posible por acelerarlo, pero es fundamental participar a la Asamblea Legislativa desde ahora para allanar el camino a una rápida aprobación del endeudamiento. El cambio urge, y sus impulsores deben prever resistencia de intereses creados, como los que impiden adoptar un sistema unificado de compras públicas o remozar las plataformas tecnológicas aduaneras en un país donde los puertos no pueden tener escáneres aunque sean regalados.