Centroamérica atraviesa un momento particularmente crítico de su historia. Ha habido otros. El más reciente de ellos estuvo marcado por gobiernos militares y sanguinarios conflictos armados. Cesaron en la década de los 90, gracias al ímpetu negociador activado por el Acuerdo de Esquipulas II, suscrito en 1987, en el cual el expresidente Óscar Arias tuvo un papel crucial.
Ahora los enfrentamientos bélicos han dado paso a la represión sin límites de una tiranía bicéfala en Nicaragua; el acelerado proceso dictatorial de El Salvador; los persistentes ataques de élites inmovilistas contra el joven gobierno democrático de Guatemala; la corrupción, la impunidad y el deterioro político en Honduras; los conflictos internos y amenazas a la soberanía de Panamá, y los ímpetus populistas y ataques a la institucionalidad en Costa Rica.
A la vez, la estructura formal del siempre complejo proceso integracionista se encuentra en estado lamentable. Su organismo cúpula –el Sistema de Integración Centroamericana (SICA)– está virtualmente paralizado y su principal institución de desarrollo –el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE)– aún es víctima de politización, complacencia y falta de transparencia en sus relaciones con los gobiernos.
En este entorno plagado de riesgos y desafíos, resulta indispensable que actores democráticos de la sociedad civil –escritores, periodistas, activistas, académicos, gremios y empresarios, entre otros– establezcan espacios regulares de convergencia, reflexión y diálogo; también, de acción común. Es necesario desarrollarlos no solo a escala local, sino también regional, y hacerlo desde instancias que combinen la independencia, la interacción regular, el intercambio de buenas prácticas, la claridad sobre principios básicos y el apego a la tolerancia.
De lo anterior se tratan dos iniciativas que, surgidas en tiempos menos convulsos, se han mantenido y potenciado en la actualidad. Ahora son más necesarias que nunca antes, y debemos felicitarnos de que las dificultades, lejos de apaciguar su ímpetu, lo haya acrecentado. Nos referimos al Foro Centroamericano de Periodismo, conocido como Foro CAP, y Centroamérica Cuenta, el principal festival literario del Istmo. Ambas iniciativas han contado con sostenido –aunque siempre limitado– apoyo de fundaciones, países democráticos europeos, agencias de las Naciones Unidas y organismos multilaterales.
El Foro nació en 2010, impulsado por el medio digital salvadoreño El Faro, bastión del periodismo libre y profesional. Gracias a su calidad y a la combinación de talleres, clases magistrales y ámbitos de reflexión colectiva, atrajo de inmediato a profesionales de Centroamérica y otras latitudes. Durante sus primeros diez años se realizó en El Salvador, pero las arbitrarias arremetidas del presidente Nayib Bukele lo obligaron a buscar otros rumbos, en Costa Rica y, sobre todo, Guatemala.
Entre mañana y el viernes, se realizará en San José una edición limitada del Foro, con el Centro Cultural de España como sede, y servirá de preludio al que tendrá lugar en Antigua, en noviembre. El año pasado fuimos anfitrión de otro similar. Compartir experiencias, desarrollar redes y reflexionar sobre desafíos comunes serán parte de la tarea.
El festival Centroamérica Cuenta surgió en 2012, gracias al liderazgo del destacado escritor nicaragüense Sergio Ramírez. Así como el Foro CAP debió abandonar su lugar de nacimiento, El Salvador, también esta iniciativa que comenzó en Nicaragua se celebró por última vez en ese país en 2017. A partir de 2019 ha tenido ediciones en Costa Rica, Panamá, República Dominicana, Guatemala y España. De hecho, su dinamismo creciente ha hecho que en la actualidad se celebren dos al año: en el primer semestre del año en alguna capital centroamericana; en el segundo, en Madrid.
La más reciente se realizó entre el 19 y el 24 del pasado mes en Guatemala, con centenares de asistentes, y no solo giró alrededor de la literatura, sino también del periodismo y el análisis de las realidades sociopolíticas de la región, tareas en las que las libertades de indagar, crear y contar constituyen pilares fundamentales.
Las dificultades y riesgos para ejercerlas en muchos países, así como las limitaciones para divulgar sus resultados, hacen cada vez más necesario aunar esfuerzos para defenderlas y promoverlas. Literatura, periodismo y libertad componen una trilogía fundamental para la democracia y el desarrollo pleno. Su trascendencia se magnifica en estos momentos difíciles para Centroamérica. El Foro CAP y Centroamérica Cuenta son aliados vitales para impulsarla.

