Editorial

Editorial: Los peligros de la DIS

La DIS no existe para suprimir la divulgación de información de interés público ni encubrir ilícitos. Tampoco para vulnerar los derechos de los funcionarios

El ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez Vives, compareció este lunes ante la comisión legislativa que investiga los contratos del Sinart.
El ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez Vives, compareció este lunes ante la comisión legislativa que investiga los contratos del Sinart.

La Dirección de Inteligencia y Seguridad Nacional (DIS), adscrita al Ministerio de la Presidencia, es un riesgo constante para los derechos civiles y las libertades individuales. En muchos gobiernos se ha abusado de ella, pero en ninguno se habían justificado los excesos tan abiertamente como en el actual.

La DIS, dice Jorge Rodríguez Vives, ministro de Comunicación, puede ser utilizada para “entender” la filtración a la prensa de una orden girada en el Consejo de Gobierno. Ese entendimiento, claro está, implica descubrir de dónde salió la información, es decir, investigar su origen, y como la fuente solo puede ser humana, el escrutinio se practica, sin salvaguardas, sobre personas con derechos protegidos por la ley.

El rodeo para llegar a esa conclusión parece absurdo, pero es la mejor forma de exponer el sinsentido de recurrir a la palabra “entender” para justificar el uso irregular de la DIS. El blanco de las investigaciones habrían sido el propio gabinete y los asesores más cercanos al despacho presidencial.

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