Editorial

Editorial: Los ‘narcos invisibles’ y el desafío de una lucha que no admite recortes

Las modalidades operativas del crimen organizado se han transformado: hoy son más frecuentes la modularidad, la diversificación y la especialización de tareas. De poco servirán la organización y las buenas estrategias del OIJ y la Fiscalía si no hay recursos para contar con equipos, contratar y retener personal, pagar viáticos y mejorar la capacitación

Allanamiemto Limón
El OIJ, el Ministerio Público y varios estamentos de la Fuerza Pública han demostrado en repetidas ocasiones su rigor, buenas estrategias y tácticas eficaces para combatir el crimen organizado. Acá, durante un allanamiento en Limón. Alonso Tenorio

En meses y semanas recientes, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), el Ministerio Público, la Policía de Control de Drogas y otros cuerpos policiales han propinado resonantes golpes a la delincuencia organizada. Han desarticulado poderosas bandas, roto sus cadenas de mando, capturado connotados cabecillas, apresado a operadores y cómplices de múltiples rangos, y aportado elementos esenciales para los procesos de extradición.

Los casos Leviatán, Némesis, Riverside, Éxodo y Portus se cuentan entre los más próximos y complejos. Algunos han sido estrictamente locales; otros se vincularon con operaciones más amplias, desarrolladas con la agencia de control de drogas de Estados Unidos (DEA) o, como la operación Nexus, con policías de la Unión Europea.

Estos logros, sin embargo, también han puesto de manifiesto la magnitud del desafío que representan el narcotráfico y la delincuencia organizada en general, tanto nacional como –sobre todo– transnacional. Porque lo que está ocurriendo en Costa Rica se vincula directamente con estructuras, procesos y sistemas operativos de muy amplio espectro, componentes diversos y dinámicas en constante cambio. Tal como dijimos en nuestro editorial del 3 de mayo, su naturaleza es mutante; su combate, por ende, resulta cada vez más complejo.

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