Editorial

Editorial: Isla judicial

Una norma constitucional para salvaguardar la independencia judicial se ha convertido en obstáculo para la reforma de excesos cometidos con las remuneraciones del sector público.


Fotos de la Corte Plena del lunes 10 de setiembre del 2018. Se observa a los magistrados de la Sala Tercera, Roseibel López, Sandra Zúñiga, Jorge Desanti, Jaime Robleto, Rafael Seguro y Jaime Robleto. Carlos Arguedas
Fotos de la Corte Plena del lunes 10 de setiembre del 2018. Se observa a los magistrados de la Sala Tercera, Roseibel López, Sandra Zúñiga, Jorge Desanti, Jaime Robleto, Rafael Seguro y Jaime Robleto. Carlos Arguedas Carlos Arguedas

“El Poder Judicial no es una isla (…). Está sometido a la ley y, respetando las singularidades de la administración de justicia –porque la Corte es tan grande que no solo administra justicia– la regulación de estos tópicos (pluses y beneficios salariales) debe ser general para todo el sector público. Eso, lejos de afectar el funcionamiento de este poder, potencia valores del orden constitucional como la igualdad ante la ley y salario igual por trabajo igual en idénticas condiciones de eficiencia”.

La afirmación parece pronunciada por un crítico del más reciente intento de la Corte Plena por sustraerse de las medidas necesarias para contener el gasto público y evitarle al país un descalabro fiscal. Pero no, la pronunció la magistrada Rocío Rojas, de la Sala Primera, cuando los magistrados deliberaban sobre la ley para regular las remuneraciones adicionales al salario base y el auxilio de cesantía en el sector público, en marzo del año pasado.

Entonces, como ahora, la Corte Plena aseguró que los ajustes tramitados por la Asamblea Legislativa afectaban el funcionamiento y organización del Poder Judicial. Como consecuencia de su oposición, la ley requeriría del apoyo de dos terceras partes de los diputados para ser aprobada.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌