Editorial

Editorial: El secreto no cabe en la ‘reelección’ de magistrados

Si el Congreso decide votar en secreto la no reelección del magistrado Paul Rueda, bien podría incurrir en un acto viciado. También hay razones de transparencia para votar abiertamente, sobre todo, después del cuestionable procedimiento seguido hasta ahora por la comisión de nombramientos.

01/06/2018, San José, Sala Constitucional, audiencia con el ministro de presidencia Rodolfo Piza para darle seguimiento a la sentencia de la sala con respecto al sistema de contratación de empleados públicos. En la fotografía Paul Rueda. Fotografía José Cordero
01/06/2018, San José, Sala Constitucional, audiencia con el ministro de presidencia Rodolfo Piza para darle seguimiento a la sentencia de la sala con respecto al sistema de contratación de empleados públicos. En la fotografía Paul Rueda. Fotografía José Cordero Jose Cordero

El Congreso no debe votar en secreto sobre la continuidad del magistrado Paul Rueda, o cualquier otro, en el cargo. No debe hacerlo por razones de transparencia, sobre todo, después del cuestionable procedimiento seguido hasta ahora por una comisión de nombramientos cuyos miembros pidieron informes inusualmente detallados y, luego de recibirlos sin mácula, de todas formas recomendaron votar contra la reelección.

Esa extraña conducta se suma a expresiones de otros diputados y sectores para evidenciar que a Rueda se le cobra el contenido de sus sentencias, lo cual atenta contra la independencia judicial. Una votación secreta atizaría las dudas con grave daño para la institucionalidad.

Pero hay otro poderoso motivo para no votar en secreto: el reglamento no lo autoriza. La publicidad de las votaciones es la norma en el Congreso, como debe ser en todo parlamento democrático. El artículo 228 del reglamento legislativo autoriza, desafortunadamente, las votaciones secretas en caso de “nombramientos, ratificaciones y renuncias”, según reza el título del Capítulo II. Luego, el texto no vuelve a hablar de esos tres supuestos y se refiere a “toda elección” para ordenar celebrarlas “por papeletas que contengan los nombres y apellidos de los respectivos candidatos, las cuales no serán firmadas por los votantes”, es decir, mediante voto secreto.

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