Editorial

Editorial: El regreso de Trump y una edad de incertidumbre global

En su discurso inicial, Trump proclamó que reconstruirá una nación en agudo deterioro, aunque los hechos indican lo contrario

Donald Trump y Melania Trump observan fuegos artificiales en una recepción en su honor en el Trump National Golf Club en Virginia el 18 de enero de 2025.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, junto a su esposa Melania Trump, disfrutan de un espectáculo de fuegos artificiales en el Trump National Golf Club Washington DC. (Foto: Alex Brandon / POOL / AFP) ALEX BRANDON

Tras asumir el lunes la presidencia por un segundo período de cuatro años, Donald Trump prometió una “edad dorada” de riqueza, seguridad, poder, prosperidad y respeto para Estados Unidos. Lo que se abre, en cambio, es una etapa de gran incertidumbre y confrontaciones para su país y el resto del mundo. Sus efectos podrían ser en extremo negativos.

Tanto en su discurso de investidura como en anuncios posteriores y una serie de órdenes ejecutivas (decretos) firmadas a lo largo del día, el cuadragésimo sétimo presidente de la Unión puso de manifiesto dos inquietantes rasgos centrales de su abordaje, que se proyectarán durante los próximos cuatro años.

El primero es una mezcla de mesianismo político y divino que, según su interpretación, lo convierte en una suerte de elegido. De manera inexacta, caracterizó su triunfo el 5 de noviembre, importante, pero no arrollador, como “la elección más grande y trascendental en la historia” estadounidense. Y al referirse al intento de asesinato del que fue blanco el pasado 13 de julio, no tuvo pudor en atribuirlo a “una razón”: “Fui salvado por Dios para hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande”.

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