Editorial

Editorial: El negocio de la infraestructura educativa

La transparencia revela un panorama desolador del cual ‘La Nación’ ha venido informando a lo largo de años. Contamos hoy con datos alarmantes, tanto más porque son apenas preliminares Es indispensable establecer responsabilidades de toda índole. Las anomalías develadas comprometen a una rectificación inmediata y a una reacción ejemplarizante.

15/03/2019. San José. Fotografías de las instalaciones de la Dirección de Infraestructura y Equipamiento Educativo (DIEE) del Ministerio de Educación y de su directora Andrea Obando. Dicha dependencia enfrenta una crisis a nivel organizacional a raíz del informe de una auditoría externa que determinó que el trabajo que se realiza es deplorable en perjuicio de la infraestructura de escuelas y colegios. En la foto: Los expedientes de muchos proyectos están almacenados en diferentes espacios del edificio. Algunos de esos espacios huelen a humedad. Foto: Albert Marín.
15/03/2019. San José. Fotografías de las instalaciones de la Dirección de Infraestructura y Equipamiento Educativo (DIEE) del Ministerio de Educación y de su directora Andrea Obando. Dicha dependencia enfrenta una crisis a nivel organizacional a raíz del informe de una auditoría externa que determinó que el trabajo que se realiza es deplorable en perjuicio de la infraestructura de escuelas y colegios. En la foto: Los expedientes de muchos proyectos están almacenados en diferentes espacios del edificio. Algunos de esos espacios huelen a humedad. Foto: Albert Marín. Albert Marín

El ministro de Educación, Edgar Mora, comienza a correr el velo del negocio de la infraestructura educativa. La transparencia revela un panorama desolador del cual La Nación ha venido informando a lo largo de años. Contamos hoy con datos alarmantes, tanto más porque son apenas preliminares.

A manera de abrebocas, el Ministerio confirmó la concentración de contratos en cabeza de un puñado de profesionales y empresas. Entre el 2015 y el 2017, las juntas de educación emplearon a más de 170 profesionales para supervisar obras, pero una docena de ellos acaparó la tercera parte de los contratos. La gran mayoría tuvo a cargo dos proyectos, pero algunos de los 12 llegaron a tener hasta 30, un número imposible. En promedio, los 12 supervisaron 13 proyectos y tuvieron a cargo 159 obras de construcción y reparación de un total de 517. La magnitud de las contrataciones se comprende mejor al enunciar el costo de las 517 obras: ¢129.000 millones.

Según el ministro, en la Dirección de Infraestructura y Equipamiento Educativo (DIEE) del MEP "se han atravesado intereses espurios, representados por individuos y grupos que han operado desde adentro y desde afuera”. Esos intereses, dice el ministro, “tienen que ver con la oportunidad de asignar y recibir la asignación de contratos. Tienen que ver con dinero, y se manifiestan en malas prácticas, como proyectos sobrestimados en muchos millones de colones, asignación excesiva, recurrente y acumulativa de proyectos a un mismo proveedor y modelos de operación que son o se parecen mucho a prácticas irregulares, entre ellas, el traslado de recursos presupuestarios sin vinculación a un proyecto real”.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌