Entre el viernes y el domingo de la pasada semana, nuestra capital experimentó una estimulante transformación. Transitarte, el festival urbano más importante del país, desarrolló más de 350 actividades, atrajo a decenas de miles de participantes de todas las edades, y transcurrió con orden, limpieza y seguridad. San José mostró así una cara más amable y estimulante que de costumbre y nos recordó que, en medio de tensiones, separaciones e incluso agresiones, sus habitantes y visitantes podemos compartir al margen de diferencias, redescubrir el sentido de comunidad y sumergirnos en un disfrute sano.
Organizado por la Municipalidad de San José, Transitarte ha realizado 18 ediciones ininterrumpidas, incluso durante la pandemia, cuando adquirió carácter virtual. Al liderazgo del gobierno local se suman diversas instituciones, como la Cruz Roja, la Fuerza Pública, el MOPT, la Asamblea Legislativa e instituciones adscritas del Ministerio de Cultura; además, cuenta con el patrocinio de varias empresas privadas. Es decir, se trata de un esfuerzo concertado, que requiere de una cuidadosa planificación y eficaz ejecución. Así ocurrió en esta oportunidad y, si lo destacamos, es por la importancia que tiene impulsar iniciativas integradoras y lúdicas como componentes regulares de convivencia ciudadana.
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Quizá la actividad más esperada, y sin duda la más concurrida, fue el concierto realizado el sábado en La Sabana, con la participación de la banda argentina Los Auténticos Decadentes, a la que se unió la nacional Marfil. Sin embargo, la verdadera atracción fue la diversidad de la oferta, en un amplio espacio que incluyó los parques Nacional y Morazán, las plazas de la Democracia y de las Garantías Electorales-TSE, la Estación al Atlántico y el paseo de los Damas. Se incorporaron los museos Nacional, Calderón Guardia y de Arte y Diseño Contemporáneo; también, el Centro de Cine, la Asamblea Legislativa (donde se realizaron visitas guiadas), la Biblioteca Nacional y el Sistema de Bibliotecas Municipales.
Esta red acogió un “corredor literario”, con venta y lectura de libros, muestras de artes visuales, talleres diversos, presentaciones escénicas y musicales, bailes, ofertas gastronómicas, áreas de juegos (para niños y adultos), espacios para el bienestar animal, un mercado de productos artesanales, visitas a los museos e intervenciones urbanas con vocación patrimonial. Y a su impacto como reactivador social se añadió otro importante: la generación de diversos encadenamientos productivos, que impulsaron negocios de emprendedores y, también, establecimientos capitalinos consolidados.
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La vinculación de tantos espacios, instituciones y propuestas es otro de los aspectos a destacar, e incluso a tomar como ejemplo, aunque sea en menor escala, para ampliar la huella e impacto de otras actividades culturales, recreativas y deportivas, tanto en San José como alrededor del país. Nuestra población las necesita, como formas de generar expansión, interacción y cohesión social, que han mostrado inquietantes tendencias al deterioro.
Por supuesto que, tras un festival como este, existe un depurado esfuerzo organizativo, del que la Municipalidad es eje y motor. La convocatoria para recibir ofertas de participación de grupos, personas y empresas, se abrió entre octubre y noviembre del año pasado. La planificación, sin embargo, empezó desde mucho antes, y en el trabajo que culminó el pasado fin de semana participaron cientos de funcionarios, tanto municipales como de otras instituciones y organizaciones.
Vivimos, muy a menudo, vidas aisladas, temerosas y, por ello, separadas, en barrios o zonas de la ciudad que casi no se comunican; también nos afectan urgencias de tiempo, largas horas perdidas en movilizarnos y hasta temores de interactuar con quienes no conocemos. De ahí la necesidad –y, en nuestro caso, insistencia– de crear y potenciar el uso de espacios públicos que sirvan como atracción y ancla para el disfrute y como puntos de convergencia ciudadana múltiple. No debemos olvidar que también entre sus funciones está servir como iniciativas preventivas, sobre todo destinadas a los jóvenes, frente al ímpetu de los grupos delictivos.
No hay que hacer, necesariamente, festivales para impulsar tales objetivos, menos de la magnitud de Transitarte. Pero cuando algo así se produce, debemos celebrarlo y reconocer a quienes, con planificación, esfuerzo y tesón, lo hacen posible.
