Editorial

Editorial: Diagnóstico de la educación

La polémica sobre la naturaleza y el contenido de las evaluaciones es una constante en el sector educativo. Parece haber acuerdo sobre la necesidad de medir el desempeño del sistema, y eso importa tanto como la evaluación individual

Las pruebas FARO fueron eliminadas y las de bachillerato ya no existen. Un proyecto de ley propone conceder el diploma de finalización de estudios a quienes desaprobaron los exámenes de bachillerato cuando todavía eran exigidos.

Hay argumentos para defender todas esas posiciones. La polémica sobre la naturaleza y el contenido de las evaluaciones es una constante en el sector educativo.

El bachillerato no sirve, dicen unos, porque se aplica a estudiantes que ya cumplieron los requisitos curriculares y una prueba final para medir de golpe los conocimientos adquiridos resulta ineficaz.

Por eso se implantaron las pruebas FARO, aplicadas a alumnos de quinto grado de primaria, décimo año en colegios académicos y undécimo en colegios técnicos. El propósito es diagnosticar el estado del aprendizaje e introducir correctivos si son necesarios.

La nota obtenida pesaba un 40% en la evaluación final del alumno y el 60% restante salía del desempeño en las materias cursadas.

En cambio, la aprobación de las pruebas de bachillerato era requisito para graduarse de secundaria. La propuesta de entregar diplomas a estudiantes que no las aprobaron en su momento se basa en su eliminación cuando se les sustituyó por las pruebas FARO.

Ya hay muchos graduados sin haber enfrentado una prueba de bachillerato. Los reprobados cuando el examen de bachillerato existía, dice el proyecto de ley, se ven en dificultades para seguir con su desarrollo personal porque el título es requisito para muchas actividades.

Las pruebas FARO fueron objeto de polémica cuando se supo, el año pasado, de la aplicación de un cuestionario paralelo donde se pedía a los alumnos información personal y familiar que no guardaba relación con los conocimientos adquiridos.

El escándalo, sin embargo, no fue producto de la evaluación académica propiamente dicha.

El sorpresivo anuncio de la eliminación de las pruebas se hizo sin pasar por el Consejo Superior de Educación (CSE) y puso a la ministra del ramo, Anna Katharina Müller Castro, en la necesidad de apurar una reunión de ese organismo para explorar alternativas.

El Consejo se reunió el jueves para conocer la propuesta de la ministra, eliminó las pruebas FARO y en su lugar avaló exámenes de diagnóstico, en el 2023, a los alumnos de último año de escuelas y colegios.

Esas pruebas no contarán para las notas finales, pero serán obligatorias. “Si bien la calificación obtenida en dichas pruebas nacionales no tendrá efecto en la aprobación del curso lectivo, su cumplimiento será requisito para obtener el certificado de conclusión de estudios correspondiente”, explicó el MEP. “Quisiera dejar muy claro que las pruebas estandarizadas, las pruebas de evaluación, son muy importantes y de ninguna manera se va a perjudicar la evaluación de los estudiantes”, manifestó la ministra antes de la reunión del Consejo.

Especialistas de la Universidad Nacional (UNA) y la Universidad de Costa Rica (UCR) mostraron preocupación por la incertidumbre creada en torno a la eliminación de las evaluaciones existentes y enfatizaron la significación del diagnóstico para la toma de decisiones tendentes a mejorar el sistema educativo.

La evaluación tiene especial trascendencia en la actualidad, según Pablo Chaverri, académico del Centro de Investigación y Docencia en Educación de la Universidad Nacional (CIDE-UNA).

“Hoy en el país sabemos que hay un rezago educativo muy importante, que hay mucha inequidad, a lo cual se le ha llamado el ‘apagón educativo’. Sin embargo, no tenemos información detallada acerca de lo que saben y no saben, y lo que pueden y no pueden hacer nuestros estudiantes, por lo menos de la primaria y de la secundaria”.

Por fortuna, parece haber acuerdo en cuanto al valor de las pruebas. Falta saber cómo medirán el aprendizaje y si la materia es la misma evaluada hasta ahora. Al final, el cambio fundamental podría estar en la eliminación del peso de los exámenes sobre la nota de los alumnos.

La pregunta abierta es si la decisión de hacerlas exclusivamente de diagnóstico afectará los resultados. No obstante, los exámenes reflejarán las condiciones del sistema educativo, y eso importa tanto como la evaluación individual. Lo esencial es decidir qué hacer a partir del diagnóstico.

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