La confianza de los empresarios en la economía viene en descenso. El efecto más perturbador de esas percepciones es su incidencia sobre el empleo y el crecimiento económico. Siete de cada diez no tienen previsto contratar personal y el 63 % no piensa invertir en su empresa este año, según la I encuesta trimestral de negocios pulso empresarial del 2023, elaborada por la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones del Sector Empresarial Privado (Uccaep).
El círculo vicioso de la inversión lo cierran los propios empresarios cuando se muestran escépticos de las proyecciones de crecimiento del Banco Central. El instituto emisor calcula un 2,7 % de aumento en la producción nacional. La cifra es muy baja, pero si se cumplen los pronósticos aún más modestos de los empresarios, difícilmente habrá oportunidad de hacer mella en el alto desempleo y la persistente pobreza.
Las expectativas de los empresarios son de capital importancia, porque el crecimiento depende de su voluntad de invertir y expandir operaciones. Si la desconfianza aconseja cautela, se reducen la inversión y el crecimiento. El resultado de esa cadena de factores alimenta, a su vez, la desconfianza. En esta oportunidad, el 63 % de los encuestados piensan que es mal momento para invertir.
El estudio genera un índice de percepción para aquilatar la valoración empresarial del trimestre anterior. La previsión de los próximos tres meses constituye el índice de confianza. En ninguna de las dos vertientes hay optimismo. En una escala de 0 a 10, los indicadores se ubicaron en 5,2, siguiendo la tendencia a la baja iniciada a mediados del año pasado.
Según José Luis Araya, director ejecutivo de la Uccaep, la encuesta coincidió con un momento de preocupación por el tipo de cambio, las tasas de interés y la inseguridad. Si esos factores estuvieran en ruta de recuperación, se podría pensar en una distorsión temporal de las expectativas empresariales, pero el deterioro de los índices comenzó mucho antes y los factores citados llegaron para quedarse cuando menos varios meses más.
El 94 % de los consultados dijeron no tener previsto el despido de colaboradores. Si se cumplen esas expectativas pero no hay un crecimiento más acelerado de la economía, el desempleo de todas formas podría crecer y otros factores conspiran contra la preservación del nivel de empleo existente, en particular el tipo de cambio y las tasas de interés.
Según los empresarios, el Banco Central se excedió en el manejo de ambos factores para frenar la inflación. El alza de la tasa de política monetaria favorece el ingreso de dólares en busca de mejores rendimientos, lo cual impacta el tipo de cambio y las finanzas de las empresas endeudadas en colones. A su vez, la revalorización del colón encarece la producción nacional y le resta competitividad frente a la extranjera.
El sector ya comenzó a pronosticar el cierre de empresas o, cuando menos, la reducción de personal y actividades. Quizás la predicción sea precipitada, pero, si las circunstancias se mantienen en el tiempo, hay una altísima probabilidad de que resulte precisa. Por lo pronto, las empresas con intenciones de contratar (un 27 % de las consultadas) se limitarán a reclutar profesionales y técnicos.
La creciente inseguridad, citada por los empresarios entre los factores determinantes de su pesimismo, no puede desligarse del desempleo, la pobreza y la falta de oportunidades para los jóvenes y trabajadores con menor escolaridad. Ojalá el empresariado esté equivocado y su desconfianza pronto se revierta, pero eso no ocurrirá por sí solo.
