Iván Díaz C.. 25 enero, 2018

A mediados del año pasado, escribí un pequeño análisis para el Observatorio de la Política Internacional UCR-UNA sobre la relación de Costa Rica con China en el marco de su décimo aniversario. Allí, mencioné cómo Pekín estaba coqueteando con Panamá y se hacía cada vez más evidente su presencia en la nación canalera, insinuando un posible viraje diplomático en el futuro.

Un mes después los gobiernos de ambas naciones anunciaron el establecimiento de relaciones diplomáticas de manera oficial.

La satisfacción al ver mi predicción cumplirse se transformó en preocupación pensado en las consecuencias para Costa Rica. Como otros lo han hecho, pensé que el cambio afectarí a nuestro país.

Los inversionistas y empresarios chinos preferirán hacer sus negocios en la nación vecina, donde es más fácil y seguro; además, se verían atraídos por los beneficios de infraestructura y logística comerciales más avanzadas, y mejor ni mencionar el canal recién ampliado.

Panamá se convertirá en la puerta China en la región y será la primera nación latinoamericana en conectarse al proyecto global Belt & Road de Xi Jinping. Y Pekín felicitara mayor cooperación e inversión a Panamá, donde parece haber más voluntad política, valentía empresarial y una visión de desarrollo a largo plazo.

Oportunidad perdida. Después, traté de pensar de manera menos egoísta y más pragmática. Efectivamente, Costa Rica desperdició la oportunidad de convertirse en esa puerta y conectar dos continentes cuando fuimos el único país centroamericano en mantener relaciones diplomáticas con Pekín durante diez años.

Nos serruchamos nuestro piso con burocracia, trabas, corrupción, falta de voluntad, carencia de visión a largo plazo y un miedo a soñar en grande. Hemos venido perdiendo protagonismo mundial y liderazgo regional y no hay más culpables que nosotros mismos.

Pero en nosotros esta hacer de esto una segunda oportunidad. Podemos ver a Panamá como un competidor regional o como el vecino con quien tenemos la mejor relación y confianza.

La sólida amistad entre Costa Rica y Panamá facilitaría cualquier proyecto. La triangulación Costa Rica-Panamá-China es posible y traería beneficios para todas las partes.

Panamá y China ya analizan construir un tren desde Cuidad de Panamá hasta nuestra frontera, un proyecto en el que Costa Rica podría participar de igual manera si estamos dispuestos a asumir con responsabilidad nuestra parte.

Costa Rica tiene mucho que ofrecer: puertos en ambas costas, que bien administrados representan una ventaja geopolítica; fuerza laboral joven y preparada; y estabilidad política y social, entre otros más.

Precisamente en estos tiempos electorales, cuando, lamentablemente la política exterior ha estado ausente de los debates, debemos reflexionar y decidir entre subirnos al tren de las oportunidades o seguir quejándonos de la falta de desarrollo mientras vemos como otros sí las aprovechan.

El autor es analista y consultor.