Hace un año, el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) instaló varias señales de tránsito en los alrededores de Ipís de Goicoechea y San Isidro de Vázquez de Coronado, en la provincia de San José. Esas señales presentaban un error ortográfico, pues se leía la palabra “provicional”, con la letra “c” en lugar de la “s”, tal como dicta la norma ortográfica. A pesar de que la mayoría de esas señales fueron corregidas mediante la colocación de una calcomanía con la letra correcta, una de ellas quedó con las condiciones originales; está ubicada en San Francisco de Coronado, muy cerca de una escuela pública de educación primaria.
El 24 de enero de 2025 escribí, en mi página de Facebook, una intervención al respecto. El periodista Juan Pablo Sanabria reaccionó con una nota en el diario La Nación. En ese mismo artículo, hacía constar que Mauricio Batalla, entonces ministro del MOPT, pasó la responsabilidad a los contratistas que su cartera utilizó para la obra. El exjerarca expresó: “Solo como aclaración, corresponde a los contratistas adjudicados la colocación de los rótulos informativos de los proyectos”, en otras palabras, recurrió al mismo mecanismo que ha caracterizado al presidente Chaves: el de endilgar responsabilidades a otras personas e instituciones, haciendo lo posible por eludir las propias.
Se trata de una incorrección que afecta a un grupo poblacional muy específico, entre el que se encuentra el estudiantado de la escuela pública cercana. Sin embargo, es también una metáfora de los graves problemas que afectan al país. Podría señalarse este caso como una sinécdoque o una figura retórica que permite expresar, por medio de la mención de una parte, el todo, como decir que en una gota de agua marina se encuentra todo el mar o en “una cabeza” se denomina la totalidad de la res. De esta manera, esa señal es muestra y símbolo de la situación educativa y cultural de Costa Rica.
Primero que todo, es importante esclarecer que no se trata de caer en dogmatismos con respecto al uso del lenguaje. Tal como sostiene Daniel Cassany en su libro La cocina de la escritura, no todo texto debe ser corregido. A manera de ejemplo, si un adulto que no ha concluido la educación primaria escribe con faltas de ortografía en un papel de uso personal, mal se haría con exponerlo o avergonzarlo públicamente.
En cambio, si se trata de una señal de tránsito, pagada con fondos públicos, que no solo cumple una función informativa y preventiva, debe revisarse y corregirse, pues representa una legitimación de la escritura. Tengamos presente que los estudiantes de primaria y secundaria, así como el público en general, asumen lo leído como correcto en un texto colocado por el gobierno de turno.
De la misma forma en que esa señal ha permanecido allí durante un año, a pesar de que oportunamente se señaló el error en la prensa, el jerarca de Zapote ha contribuido a legitimar, con su lenguaje, la incorrección y la grosería. No le ha temblado la voz para recurrir a palabras soeces o gestos obscenos delante de niños como ocurrió en la conferencia de prensa del 18 de diciembre de 2024; la comparación de diputados de oposición con ratas y cucarachas o, recientemente, o la desaguisada alusión a la expresidenta de la República, como “totalmente desguabilada mental e intelectualmente”. Tales aseveraciones, misóginas y carentes de dignidad, lo único que hacen es facilitar que estudiantes de primaria o secundaria reproduzcan esos esquemas. Se podría decir entonces: “si el presidente lo hace, ¿por qué no lo hago yo?”.
Es solo una señal de tránsito y es un emblema de la profunda crisis nacional, el de un país en el que un mensaje mal escrito no importa, y en el que existen personas que aplauden la incorrección como si fuera un logro.
Es también un llamado silencioso a mejorar nuestras condiciones culturales y educativas, sabiendo que debemos colocar en puestos de alto nivel jerárquico a personas que no olviden su condición ejemplarizante y que trabajen por la dignidad humana. No podemos permitir que se siga haciendo elogio de la ineficacia administrativa y la mediocridad.
autorcarlosrubio@yahoo.com
Carlos Rubio Torres es profesor jubilado de la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad Nacional (UNA).
