Columnistas

Una dosis de eurorrealismo

En Europa, huir de la complacencia se confunde muy a menudo con abrazar un pesimismo paralizante, cuando debería conllevar una evaluación rigurosa y ecuánime de nuestras fortalezas y debilidades

Boris Johnson (RU), Mario Draghi (Italia), Emmanuel Macron (Francia), Ursula von der Leyen (presidenta de la Comisión Europea) y Angela Merkel (Alemania), del G7, han liderado la transición energética. Solo el RU no pertenece a la UE. (LUDOVIC MARIN/AFP)

Hace tiempo que la imagen se ha hecho familiar: Estados Unidos y China presentadas como dos fuerzas en permanente colisión, pugnando por la supremacía global. En la tecnología, en el comercio, en el ámbito militar, en el ciberespacio o incluso en el espacio exterior, la rivalidad entre estas dos potencias es más que patente y, sin duda, definirá la trayectoria de la humanidad en el siglo XXI. Pero el mundo no es solo cosa de dos, y representar nuestra caleidoscópica realidad en blanco y negro es más propio de épocas ya superadas.

En el actual escenario internacional, la Unión Europea pasa más desapercibida de lo que debería, pero menos de lo que ella misma cree. Hay que admitir que la UE se expresa a menudo de manera cacofónica y que, cuando logra transmitir una armonía, su voz suele sonar algo apagada.

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