Distinguir entre “ruidos” y “señales”. He aquí un punto de partida esencial para quienes pretendemos analizar la realidad sociopolítica y hasta nos atrevemos a enseñar cómo hacerlo. El ruido, dice el estadístico estadounidense Nate Silver, es lo espectacular, pasajero o impactante; la señal, lo sustantivo y determinante para escrutar el rumbo de esa realidad. Los ruidos saltan sin llamarlos. Las señales hay que buscarlas metódicamente. Aun así, a los primeros no podemos menospreciarlos, porque pueden servir de indicios sobre lo que se está “cocinando”.
Hasta ahora, la presidenta electa, Laura Fernández –a diferencia de Rodrigo Chaves–, ha emitido pocos ruidos y ningún insulto. Quizá sea indicio de un gobierno más apacible, aunque se pasó de raya en su (mal)trato a la contralora general, el presidente del Poder Judicial y el fiscal general. Las señales han sido ligeramente más abundantes, pero las más importantes de aquí al 8 de mayo están por verse.
Empezó mal, escribí el 6 de febrero en una columna que, precisamente, titulé “Ruidos y señales”, cuando aceptó retomar el Ministerio de la Presidencia. Bajó su rango y dio una señal de subordinación a Chaves. Pero desde esa dualidad de presidenta electa y ministra, ha emitido algunas buenas señales; en particular, sus acercamientos a los diputados actuales, posible preludio de buenas relaciones con la futura Asamblea.
La selección anunciada de la próxima presidenta legislativa y del jefe de fracción oficialista refuerza esa percepción, que es muy preliminar: lo determinante será cómo actúen, y si la mayoría se usará para legislar en serio o para intentos de captura institucional y persecución política.
La señal más determinante, sin embargo, sigue en penumbra: los jerarcas de ministerios y presidencias ejecutivas. Mucho dependerá de su competencia, nexos de lealtad, autonomía de criterio, y si apenas son una suma de partes o constituyen un equipo capaz de asumir los enormes retos que ya tenemos como país y los más grandes que asoman.
Aquí, será clave el papel que asigne a Chaves y la voluntad y recursos de Fernández para asumir un liderazgo propio, robusto y constructivo. De esto, más que de cualesquiera otras señales, dependerá su gobierno. Los ruidos de las próximas dos semanas servirán para escrutarlo.
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Eduardo Ulibarri es periodista y analista.