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¿Se embolsará la Bolsa a la Tesorería?

Picardías de la Tesorería
Picardías de la Tesorería Luis Navarro

Ya se revelaron las verdaderas razones por las que allegados a la Bolsa de Valores reaccionaron tan cáusticamente al advenimiento de Tesoro Directo: se les cayó el negocio.

Del 2015 a la fecha, “las transacciones primarias en la Bolsa han caído un 23% (...) y la baja coincide con la implementación de la plataforma Tesoro Directo” ( La Nación, 3 de setiembre). Ya me extrañaba a mí el supuesto “interés público” que tanto pregonaban. La verdad, a la Bolsa le duele la bolsa. Y aunque en porcentajes las comisiones son bajas, el volumen transado es tan alto ($54.076,2 millones en el 2015) que cada pellizquito cuenta. Bien dice el refrán: ¡A pellizcos se mata un burro!

La pugna surgió porque la Tesorería descubrió cómo colocar parte de sus títulos sin desembolsar onerosas comisiones. Y, claro, tropezó con intereses creados (poderoso caballero es don dinero, decía Francisco de Quevedo). Ahora, el enfrentamiento es entre dos intereses muy distintos: un monopolio privado representado por la Bolsa de Valores y un puñado de puestos (cuyas entradas acumuladas van por ¢32.770 millones solo en un semestre), frente a otro de carácter público, representado por el Estado y los contribuyentes.

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