Nuria Marín Raventós. 22 diciembre, 2018

En estas fechas de meditación y buenos deseos, me pareció interesante compartir algunas reflexiones del periodista Jonathan Rauch de su libro La curva de la felicidad: ¿Por qué la vida mejora después de los 50?

Rauch, actualmente de 58, pero que en sus 40 pasó por un doloroso proceso porque se resistió a aceptar “la crisis de la mediana edad”, no podía comprender lo que le estaba sucediendo, pues tenía una excelente relación de pareja, grandes logros profesionales, una buena situación económica y, pese a lo anterior, sentía un profundo e inexplicable sentimiento de insatisfacción.

El autor habla de esta década como una evolución íntima e imperceptible de valores, a una revalorización de las expectativa

En su investigación, que incluyó a especialistas y más de 300 entrevistas, descubrió lo que economistas del Instituto Brookings, basados en big data y en un estudio de la Universidad de Warwick, de 10.000 entrevistas en Estados Unidos y el Reino Unido, venían investigando: la gente se siente más feliz a medida que envejece.

La curva de la felicidad se asemeja a una U, las personas en sus 20 gozan de una alta felicidad que va decreciendo hasta encontrar un valle de creciente insatisfacción en los 40 para, luego, repuntar de manera sostenida en felicidad hasta la edad avanzada.

Con variables no significativas por género, descubrió que se trata de un fenómeno universal promedio (por lo que no toda persona lo vive) en el que no juegan las variables sociales, condición económica o nivel educativo, ni condiciones personales como hijos en adolescencia, salud de los padres, o incluso un divorcio, pues trasciende las condiciones objetivas de las personas. ¿Por qué ese sentir de inquietud, miedo, estrés o insatisfacción?

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El autor habla de esta década como una evolución íntima e imperceptible de valores, a una revalorización de las expectativas (ej. no tener nada que probar, no importar lo que piensen los demás) y el encontrar nuevas fuentes de satisfacción, no materiales, que redefinen a las personas en seres más empáticos y compasivos con los demás, y deseosos de encontrar actividades que brinden mayor propósito o significado a sus vidas.

Para quienes viven esta etapa, el valor de la investigación de Rauch es que el proceso es normal y transitorio, pero, además, la ruptura del paradigma de una adultez-carga a una propositiva-activa debe ser el motor para concentrarse en lo verdaderamente importante y ser felices.