Columnistas

Rusia, imperio agresor

Asistimos a una jugada geopolítica de enorme riesgo, la más grave desde la Segunda Guerra Mundial. Los ucranianos son, ya, un pueblo mártir

Eduardo Ulibarri, opinión
Eduardo Ulibarri, opinión

Nunca antes en su historia un secretario general de las Naciones Unidas se había dirigido de forma tan dramática, y en público, al gobernante de un miembro permanente de su Consejo de Seguridad. «Solo tengo una cosa que decir desde lo más profundo de mi corazón —afirmó António Guterres ante ese órgano, el miércoles—: presidente Putin, frene el ataque de sus tropas contra Ucrania. Dé una oportunidad a la paz. Demasiada gente ha muerto ya».

El autócrata ruso, por supuesto, no hizo caso, y sus tropas aceleraron una brutal invasión desde el sur, este y norte, mientras aviones y misiles de alta precisión destruían blancos militares y logísticos clave. Su superioridad bélica es tan grande, que llegarán hasta donde quieran, con pavorosos costos en vidas y un golpe irreparable a la paz y el sistema internacional.

Con su ataque y las pretensiones que lo animan, Putin ha violado flagrantemente la Carta de la ONU, que establece «el principio de la igualdad soberana de todos sus miembros» y la renuncia al «uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado».

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