Foro del Pacífico, Grupo de los 77 y China, Grupo de Pequeños Estados, Unión Europea, Grupo Árabe, Comunidad del Caribe, Movimiento no Alineado, Unión Africana. Esta lista parcial de las agrupaciones representadas el miércoles en el “diálogo interactivo” de la Asamblea General de las Naciones Unidas con la candidata nacional Rebeca Grynspan, basta para aquilatar una de las tantas complejidades del cargo al que aspira: la Secretaría General.
Me refiero a la diversidad de intereses que conviven en la organización. Y ni qué decir de los tres pilares establecidos por su Carta: impulsar la paz y seguridad, el desarrollo y los derechos humanos. Todos pasan, hoy, por momentos oscuros.
Con ella compiten la expresidenta chilena Michelle Bachelet; su colega de Senegal, Macky Sall, y el argentino Rafael Grossi, director de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Sin embargo, a pesar de que el 1.° de abril se fijó como límite para inscribir candidaturas, nada impide que aparezcan otras antes de fin de año. La Carta no condiciona el plazo.
Esta es otra complejidad interna del proceso, que nos remite a su realidad más dura. Formalmente, el cargo lo decide la Asamblea, pero por “recomendación” del Consejo de Seguridad. Es decir, la decisión está en manos de sus 15 miembros, y como solo cinco (Estados Unidos, China, Rusia, Francia y el Reino Unido) son permanentes y tienen poder de veto, la elección, realmente, es suya. El resto solo avala.
Esto explica, entre otras cosas, por qué Grynspan fue cuidadosa sobre la posible reforma o ampliación del Consejo. La diversidad de intereses de los 193 Estados miembros, por su parte, justifica que no se centrara en propuestas específicas, sino en el tipo de liderazgo que propone: transformador, proactivo y preventivo; concentrado en lo esencial; independiente, pero cooperativo, e impulsor de sinergias con otros actores oficiales y privados.
Alguna gente distingue entre quienes han sido “secretarios” o “generales” de la ONU. Entre los primeros, me atrevo a incluir al actual, António Guterres, atrapado por las agudas confrontaciones geopolíticas; entre los segundos, está Kofi Annan, que potenció al máximo la oportunidad abierta por el fin de la Guerra Fría. Presumo que, de ser elegida, Rebeca Grynspan formará parte de este grupo.
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Eduardo Ulibarri es periodista y analista.