
Recientemente, leí un excelente, lúcido y atinado artículo escrito por el doctor Jaime Ordóñez, mi mentor y exprofesor de la universidad. En el escrito, se destacaba la labor de tres personas y sus posicionamientos en el lado correcto de la historia: Francesca Albanese, relatora especial de las Naciones Unidas para los Territorios Palestinos Ocupados; Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, y Robert Francis Prevost, el papa León XIV.
Las precisas palabras de don Jaime me han inspirado a escribir un artículo de opinión para visibilizar la ardua labor y destacar –pero, sobre todo, defender– a quienes defienden –valga la redundancia– los derechos humanos, aunque con una especificidad, eso sí. Deseo destacar a las personas que, en nuestra amada y bella Costa Rica, se dedican, día tras día, a llevar a cabo luchas por lo correcto y lo justo.
Como activista por los derechos humanos, he de admitir que los niveles de violencia digital y amenazas que he recibido en razón de mis opiniones han sido bastante fuertes. Desde comentarios de cuentas falsas, pasando por ataques por parte de denominados influencers de extrema derecha haciendo llamados a “buscarme y decirme las cosas como son”, por ejemplo, hasta intimidaciones por parte de liderazgos de determinados sectores, difamaciones e incluso acoso mediático y sensacionalismos imprecisos, sacados de contexto y malintencionados a través de páginas digitales afines a una tendencia, con el afán de desprestigiar mi voz y dañar mi labor.
Aun con todo ello, persiste en mí este pensamiento: esto no es más que una muestra de lo que muchísimas personas defensoras de derechos humanos en este país, a lo largo de los años, han vivido y han tenido que pasar. Ante esto, decido hoy amplificar, agradecer y destacar la importante labor de quienes han dedicado su vida a visibilizar y acompañar las luchas sociales.
Hay quienes defienden las causas sociales y los derechos humanos desde las redes sociales. En el contexto de un mundo cada vez más digitalizado, donde los algoritmos de las plataformas de los grandes magnates del tecnofeudalismo enseñan y priorizan desinformación y discursos de odio, esto se convierte en una herramienta fundamental para proponer una visión de mundo mejor y más justa.
Nos invitan a cuestionar, a usar nuestra creatividad y a salir de nuestras zonas de confort para pensar que, quizá, y tan solo quizá, las condiciones bajo las que se encuentra Costa Rica deben mejorar.
No debe ser pasado por alto el rol de las personas creadoras de contenido digital, cuyo aporte es fundamental para sensibilizar, concientizar y, sobre todo, proponer e incidir, aunque esto incomode a ciertos sectores. Por eso, aplaudo a quienes se atreven a usar sus plataformas para hablar sobre derechos humanos, en un contexto donde muchas veces se nos quiere en el silencio de lo que se considera estético, aesthetic o nonchalant.
Por otro lado, recordemos también que hay muchas personas que, desde distintos frentes de lucha, amplifican sus voces y presentan perspectivas críticas ante el ascenso de las narrativas autoritarias y negacionistas de los derechos humanos. Personas que han dado la lucha desde hace muchos años y que quizá no han sido apoyadas como corresponde por parte de los entes e instituciones correspondientes.
Esta es la razón por la cual quiero dar las gracias, como habitante de este país, a quienes luchan por todas las mujeres, por la comunidad LGBTIQA+ y por la erradicación del racismo y la xenofobia.
También, por el medio ambiente, por la vivienda digna, por la seguridad alimentaria, por la accesibilidad, por la regionalización, por la laicidad del Estado y la convivencia respetuosa entre diversas religiones y credos, por la educación pública, por la salud y la seguridad social, por el trabajo y las condiciones laborales dignas, por la autodeterminación de los pueblos y la coherencia de nuestra política exterior para condenar y llamar por su nombre a la guerra y los crímenes de lesa humanidad, los genocidios y las violaciones al Derecho Internacional Humanitario.
E, igualmente, por la democratización de la información y el conocimiento, por la erradicación de las desigualdades socioeconómicas, por la promoción de la universalización, defensa y garantía de los derechos humanos y, finalmente, pero no menos importante, por la recuperación del civismo, del diálogo y de la democracia.
Por la prevalencia del Estado de derecho, la institucionalidad democrática y la Constitución Política por encima de cualquier intento autoritario o populista de menoscabarlos. Por cada persona que se atreve a hablar ante un contexto donde hay quienes quieren callar o silenciar.
Que este artículo sea una motivación, pero, sobre todo, un llamado a la acción. Los derechos humanos y la democracia, dos elementos que justamente se complementan entre sí y se necesitan mutuamente para asegurarse y garantizarse, están ante un contexto crítico en nuestra sociedad. Que no nos dé vergüenza tener principios sustentados en la solidaridad y la justicia.
m.ulethp@gmail.com
Mia Fink Uleth es activista por los derechos humanos y estudiante de Derecho en la Universidad de Costa Rica.