
Vivimos tiempos desalmados que superan a Orwell y sus peores distopías. El “Big Brother” orwelliano era, al menos, aséptico y frío. Elegante, eficaz y despiadado. Pero hoy la fealdad, la vulgaridad y el matonismo rampante campean por el planeta. Todo es burdo e insolente. Países que perpetran genocidios en nombre de Dios y del “pueblo elegido”, mientras la “culta” Europa, cuna de la Ilustración, y buena parte del resto del planeta, miran hacia otro lado. Todo se está degradando.
Aquellos a quienes les debemos la gran gesta de la democracia y en favor de los derechos humanos en Occidente: primero, Kant, Voltaire y Diderot, y, después, Schuman, Monet y René Cassin, entre otros, deben estar revolcándose en sus tumbas de ver tanta mediocridad y cobardía en sus descendientes.
Dobles raseros
Hay dobles raseros y dobles estándares: lo que es una agresión en Ucrania no lo es en Gaza, para la señora Von der Leyen, por ejemplo. Para Bruselas, grave cosa son las bombas contra los blanquitos eslavos de Ucrania, pero no contra los morenitos palestinos de la Franja. Racismo medieval en pleno siglo XXI. Y, además, priman los intereses de negocio, el gasoducto de Siberia y los “materiales preciosos” de la estepa ucraniana que valen billones de dólares. Mientras, las bombas tiradas sobre Gaza son más de 70.000 toneladas de explosivos, seis veces más que la bomba atómica sobre Hiroshima, de 12.000 toneladas, y a nadie le importa esto (ver en la web, Bradford University, UK, James Rogers, experto mundial en armamento).
El pueblo palestino, que se remonta a 3.000 años de historia, está a punto de desaparecer de la faz de la tierra, y a la gente le importa únicamente que el barril de petróleo esté encima de los $120.
Y aclaro, enfáticamente, que aquí nadie es antisemita. Rechazo como un insulto cualquier insinuación en tal sentido. Todos los que trabajamos en derechos humanos durante décadas (como el que firma estas líneas) hemos escrito muchas páginas contra el Holocausto y en defensa del pueblo judío. Conocí personalmente y admiré mucho a Isaac Ravin, asesinado por un fanático israelí de la extrema derecha (no por ningún palestino ni árabe). Una cosa es el judaísmo humanista y otra cosa muy distinta este sionismo desalmado de extrema derecha que (bajo el pretexto del Gran Israel) extermina a sus vecinos y los considera seres de tercera o cuarta categoría.
El resultado está allí. Países que fueron la cuna de la civilización hace más de 3.000 años, al lado del Éufrates y el Tigris, la mítica Babilonia y la antigua Persia de Ciro el Grande –hoy Irán e Irak– son amenazados con ser enviados a la “edad de piedra”, en otra frase tosca y vulgar, que desconoce la historia. Por ejemplo, el Código de Hammurabi y todos los antiguos tesoros de la humanidad, que estaban en Bagdad, fueron destrozados en la guerra del Golfo de 2001 y llevados a cenizas, invocándose una guerra por armas de destrucción masiva que no existían. Igual que hoy sucede con esta guerra contra Irán. Los propios altos mandos y generales del Pentágono le indicaron a la Casa Blanca que no existía ningún peligro nuclear. Pero primaron otros intereses y otros “files”.
Este artículo, sin embargo, busca reconocer la valentía de algunos líderes.
El papa León XIV
El primer gran valiente es Robert Prevost, el papa León XIV. Tengo que decir que es una de las más grandes sorpresas de los últimos meses. Al inicio, me parecía difícil que lograra llenar los zapatos de Francisco, tan carismático, tan amigo de la paz, de los pobres y los desposeídos. Pero me equivoqué. Francisco dejó bien preparada su herencia.
León XIV es extraordinario, sereno y valiente. Se le nota su pasado misionero en el Perú. Fue enfático en mandar a decirle a la Casa Blanca que no podían utilizar el nombre de Dios para justificar una guerra que ya ha cobrado miles de muertos. Solo en las primeras 24 horas, el bombardeo a una escuela donde murieron 180 niñas. “No le tengo miedo a la Casa Blanca –dijo–. Seguiré hablando en voz alta contra la guerra”. (.. ) El Evangelio es claro y la Iglesia tiene la obligación moral de ir contra la guerra”, ha dicho.
Prevost nos entusiasma a todos, a los religiosos y a los no religiosos. Es admirable su temple, su valentía, su forma de decir verdades enormes sin gritar, con la voz queda y serena, justo como habla la gente segura de sí misma y de sus convicciones. Como cabeza del catolicismo, la principal religión cristiana del planeta, tiene todo su derecho para decirle –como le dijo– a Washington que las genuflexiones y actos religiosos-espiritistas en el Salón Oval no pueden justificar una guerra.
Francesca Albanese
El otro caso de fuerza y dignidad es Francesca Albanese, relatora especial sobre la situación de los derechos humanos en el territorio palestino ocupado desde 1967, abogada italiana de la Universidad de Pisa y máster de la Universidad de Londres.
Francesca Albanese solo ha dicho la verdad en los últimos dos o tres años. Nunca justificó el ataque de octubre 2023 de Hamás; solo ha denunciado la asimetría de la respuesta de Israel (1.200 personas vs. más de 90.000 muertos y la Franja de Gaza exterminada, hecha escombros) y, además, ha explicado las causas históricas del conflicto, que se remontan a 1967 y a la expulsión masiva de palestinos de territorios que fueron su hogar durante siglos, conocida como la Naska. Entre 280.000 y 300.000 palestinos fueron expulsados de lo que fue su lugar de residencia durante muchos siglos.
Por denunciar todo esto, Francesca ha sido perseguida; sus bienes y tarjetas de crédito, embargados; vituperada en los Estados Unidos y en Europa. Su familia, insultada y acosada. En 2023, un grupo de congresistas estadounidenses pidió su destitución. Sin embargo, posteriormente, 850 académicos de todo el mundo, incluido Israel, de la organización Academia for Equality, pidieron al Gobierno de Estados Unidos disculparse con ella. Además, recalcaron que este tipo de difamaciones “se usan frecuentemente como arma para socavar cualquier crítica a Israel y la defensa de los derechos de los palestinos”.
Pedro Sánchez
El otro gran valiente de esta lista es Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español. Fue el primero en viajar a Tel Aviv y decirle personalmente a Netanyahu que estaba perpetrando una matanza. Sánchez condenó, desde luego, el ataque de Hamás de octubre 2023, pero indicó que la respuesta no podía ser un genocidio asimétrico de más de 80.000 personas, incluidos 25.000 niños y todo un país como Gaza destrozado, reducido a escombros.
Ha sido el líder europeo más valiente, más lúcido, al punto de enfrentarse a la Casa Blanca y negarse a que se usaran las bases estadounidenses para refaccionar aviones que fueran a bombardear sociedad civil y niños sobre Beirut y las otras ciudades. Su ejemplo ha sido replicado por otros países (Irlanda, los países escandinavos). Hasta la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, en principio ideológicamente más cercana a Trump, tuvo la valentía y la entereza de enfrentarse al republicano. Macron y otros dirigentes europeos han empezado a cambiar su posición bajo el influjo de Pedro Sánchez, la claridad de sus ideas y su valentía.
Ojalá que la fuerza, dignidad y valentía de León XIV, Francesca Albanese y Pedro Sánchez sirvan de ejemplo a otros dirigentes. Y, sobre todo, para los de estos patios costarricenses, tan sumisos, tan doblegados. Ojalá que no sigan comportándose como peones de “Banana Republics” en estos graves temas.
Jaime Ordóñez es director del Instituto Centroamericano de Gobernabilidad.
