Este dictador respaldó el embargo de medios de comunicación y el retiro de la frecuencia de TV a un canal que no se alineó al gobierno. Además, persiguió a una fiscala general cuando ella denunció corrupción en contratos públicos, al grado de que la exfuncionaria terminó en el exilio.
Este dictador, cuando no obtuvo la cantidad de diputados que quería y vio que la oposición tenía músculo, creó una asamblea constituyente que sustituyó al Congreso de forma espuria, al tiempo que reprimió con violencia las protestas, dejando una estela de muerte en las calles de su país.
Este dictador respaldaba el acoso de periodistas y solía gozar y aprovechar las grandes manifestaciones que los incondicionales y esbirros organizaban y financiaban para él, a las que asistía levantando los brazos en señal de victoria, pronunciando encendidos y provocadores discursos contra las “élites”.
Este dictador presionó por controlar a jueces, magistrados y al Poder Judicial en general, garantizándose un control absoluto del Estado, que se extendió al poder electoral. Cuando los resultados electorales no le eran favorables, desataba la cacería y encarcelamiento de opositores.
Además, sistematizó la persecución de empleados públicos y privados por su pensamiento, al tiempo que en su país circulaban terroríficas caravanas de motociclistas armados que amedrentaban a la población.
Tras años de enquistamiento en el poder, cuando se vio acorralado, este dictador llamó a la gente a movilizarse por él. Sin embargo, nadie se movilizó. Así terminó Nicolás Maduro.
La vía legal utilizada por el gobierno de Donald Trump es sujeta de cuestionamientos, además de que genera incertidumbre el hecho de que Washington haya permitido al chavismo permanecer en el poder tras 26 años (en Venezuela hay personas que no han conocido más gobierno que el chavismo).
Sin embargo, lo sucedido con Nicolás Maduro es un claro ejemplo de lo que es un dictador y de lo que implica una dictadura.
La indiferencia hace mucho daño. Desde el 2016, cuando recrudeció el éxodo migratorio de Venezuela por América y casi ocho millones de personas salieron del país, una profesora que se radicó en Costa Rica describió su caso.
La despidieron del Ministerio del Poder Popular para la Educación por no votar a favor de los diputados de gobierno. “Me dijeron que no pueden tener a gente que esté en contra del gobierno revolucionario de Maduro”, relató.
Hace diez años de ello. En aquel momento, alguna gente comentaba en redes sociales que le era indiferente lo que pasaba en Venezuela, actitudes que beneficiaban al dictador.

