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Precio internacional del arroz sí beneficia al consumidor

El sistema sigue siendo ineficiente, pero el grano es la fuente de nutrientes más barata hoy de la canasta básica

El arroz es la principal fuente de energía en la dieta de la población y el segundo cereal cultivado en el mundo. Las principales características del mercado son la concentración de la producción y el comercio en pocos manos, la proporción de las exportaciones en relación con lo cosechado, la segmentación del mercado, la intervención gubernamental y la volatilidad de los precios.

El arroz se consume mayormente en los países donde se produce, por lo que el mercado internacional es pequeño, tanto en términos absolutos como en proporción a la producción mundial.

China y la India, que representan más de un tercio de la población mundial, suministran la mitad del arroz del planeta. Pequeños cambios en sus decisiones de producción y consumo originan impactos enormes en el comercio internacional.

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el arroz es el producto más distorsionado en el mercado mundial.

Aunque el apoyo a los agricultores en los países de la OCDE disminuyó en general, el arroz es un caso atípico. Los programas de apoyo a los precios representaron el 60% de los ingresos totales del productor en el 2019, lo que equivale a casi $93.000 millones.

En cuanto a la protección, el arroz es uno de los productos básicos con mayores aranceles si se le compara con otros productos básicos. Los países productores y consumidores tienen los aranceles más elevados.

Dos factores distintos amenazan la economía del arroz en el futuro. Primero, a medida que los países en desarrollo se industrializan, la tierra, el agua y la mano de obra se dedican a otras actividades; y segundo, la productividad a través de la adopción de variedades de alto rendimiento, fertilizantes y sistemas de riego heredados de la revolución verde ocurrida en la década de los sesenta ha sido prácticamente alcanzada.

Así, los agroecosistemas de secano, que representan alrededor del 45% de la superficie arrocera mundial, soportan la carga principal de un aumento futuro en la producción de arroz.

Combinado con los efectos del cambio climático, sobre todo, el aumento de la intensidad y de los fenómenos climáticos adversos, las perspectivas del incremento sostenido de la producción de arroz son pesimistas.

Adicionalmente, las nuevas restricciones sanitarias en China, así como la invasión rusa a Ucrania, presionan grandemente los determinantes del precio internacional del arroz y la cantidad disponible para exportar: costo de los fertilizantes, tamaño de las reservas estratégicas y precio de los fletes.

Un cambio del 3% en la demanda china de arroz ocasionaría variaciones de hasta un 25% en la oferta mundial del grano. Por lo tanto, hay riesgos evidentes a corto y mediano plazo para el abastecimiento a escala mundial y la seguridad alimentaria global queda comprometida.

El arroz es un cultivo básico de Costa Rica en términos de producción y consumo. Representa el 1,5% del valor agregado total de la producción agrícola.

La superficie sembrada llegó a 31.657 hectáreas en el año 2019 (año calendario), el equivalente al 7,8% de la superficie agrícola total del país.

El sector, sin embargo, se está contrayendo. La contribución al valor agregado agrícola, el área de siembra y la producción total manifiestan un desempeño negativo en los últimos tres años, con descensos considerables en cada uno de los rubros.

Costa Rica escogió apoyar la producción del grano por medio de la regulación de los precios a lo largo de toda la cadena y la protección en frontera a través del arancel a la importación.

La estructura del precio se basa en dos modelos de costos. Uno al productor y otro al industrial, y se establecen márgenes de utilidades y de comercialización.

La regulación opera mediante el establecimiento de un precio de referencia de compra del industrial al productor y precios mínimos y máximos de venta de todas las calidades de arroz pilado que se comercializan en el territorio.

Al importar alrededor de dos terceras partes del arroz, y para no encarecer el precio final al consumidor, se compra en el extranjero mediante un decreto de “desabasto”, que rebaja el arancel a cero temporalmente.

El mecanismo, sin embargo, provoca incertidumbre en el sector, pues dificulta la importación en el momento oportuno debido a la lentitud del proceso técnico y político de definición del volumen de desabastecimiento.

El modelo de regulación considera ahora el costo del arroz importado y este se combina con el costo del arroz doméstico. De esta forma, el precio internacional se refleja en el precio final.

Este cambio es fundamental, pues, anteriormente, las posibles rebajas en el precio internacional eran aprovechadas por los importadores, en consecuencia, el arroz es la fuente de nutrientes más barata de la canasta básica.

Está clarísimo que los mecanismos de apoyo a la producción y al comercio de arroz han fallado. El área sembrada, la productividad y la producción disminuyen en tanto las importaciones crecen. El statu quo es insostenible.

En la actual coyuntura debe imperar la cautela, reconocer la significancia de la agricultura doméstica como proveedora de alimentos y la necesidad del comercio internacional como medida para garantizar la seguridad alimentaria.

Esta relación es básica con respecto al arroz y las necesidades de consumo nacionales.

Es posible equilibrar una política coherente con miras a la sostenibilidad del sector arrocero y el bienestar del consumidor. Esta debe incluir certeza y facilidades para importar, el establecimiento de un contingente arancelario en la Organización Mundial del Comercio, incentivos para la productividad, zonificar basándose en la disponibilidad de agua y sol, y promover programas de investigación, extensión y apoyo tecnológico.

La desregulación deberá contemplar los desafíos para la seguridad alimentaria en la coyuntura actual, los compromisos a la fecha de compra de arroz de los industriales, el poder y concentración de varios actores en el comercio doméstico, las economías de escala en producción y comercialización y la transmisión eficaz de los precios internacionales, tanto hacia arriba como hacia abajo. Una desregulación a rajatabla no necesariamente bajará los precios en este momento.

La reforma de las políticas debe incluir una revisión exhaustiva de la estructura de Conarroz para alinear sus objetivos y programas con los objetivos nacionales.

victor.umana@incae.edu

El autor es economista.

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