Si consideráramos la sociedad costarricense como un sistema social y a la vez como un organismo vivo que evoluciona, concluiríamos que algo no se está haciendo bien.
Síntomas como la inseguridad, la pérdida de confianza en las instituciones y entre las personas, los conflictos entre conductores en las calles, la corrupción, la caída en los rendimientos de las pensiones y la mala calidad de la educación, entre otros, confirmarían la hipótesis.
Organismos internos o externos podrían hacer más estudios con diferentes perspectivas y llegarán a conclusiones muy similares. La causa principal de estos signos es la necesidad de transformar, no solo de hacer cambios en el sistema educativo.
El formador español Álex Rovira establece una diferencia esencial entre cambio y transformación. El cambio es una reacción adaptativa de la persona o los colectivos a un mandato o directriz que viene de fuera. Deben hacer, deben fortalecer, deben crear, etc., contra lo cual habrá siempre resistencia.
La transformación es un cambio con sentido, es decir, ya no solo tenemos una necesidad, sino que tomamos conciencia y estamos motivados para superar las resistencias que provoca cambiar.
No tengo en este momento el número exacto de cuántas voces muy autorizadas, de dentro y fuera del país, llaman la atención y proponen un cambio en el sistema educativo nacional, pero incluso los mayores esfuerzos tienen bajo impacto. Reparar alguna escuela, aumentar la velocidad de internet, retomar pruebas estandarizadas, inclusión de contenidos STEM, apoyo a ferias científicas y tecnológicas, entre otras.
He dado seguimiento a algunos casos mediáticos sobre corrupción, violencia doméstica y evasión, por mencionar algunos, y detrás de ellos se encuentran personas formadas en nuestro sistema educativo, lo cual hace pensar dos cosas. La primera es que los sistemas educativos no solo enseñan a leer y escribir, sino también fortalecen la formación en valores que viene de la familia.
Educación y redes sociales
La segunda es que cuando se habla del sistema educativo no debe reducirse a la educación formal institucionalizada en escuelas, colegios y universidades. Esto lleva además a los espacios familiares, a los colegios profesionales, a las organizaciones sociales y comunales, y hoy, en particular, a las redes sociales.
Organismos internacionales advierten que el uso descontrolado y sin la adecuada orientación de las redes sociales por jóvenes se ha convertido en un riesgo existencial para la humanidad.
En el año 2019, el diario estadounidense The New York Times publicó una serie de artículos que motivaban a una gran reflexión sobre el papel de las redes sociales como mecanismo de dominación de ciertos sectores de la sociedad.
En uno de estos, titulado “La interacción humana es un lujo en la era de las pantallas”, se presentaron resultados muy llamativos y alertadores al mismo tiempo, por ejemplo, según un estudio del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos los niños que pasan más de dos horas al día viendo una pantalla obtienen calificaciones inferiores en pruebas de lógica y lenguaje.
El artículo menciona también la afectación positiva y negativa que implica aumentar, en estas poblaciones, especialmente jóvenes, el círculo social, pero sin contar con las habilidades sociales para interactuar.
Las voces de buena voluntad que procuran mejorar la calidad de la educación costarricense tienen motivación y preocupación, pero carecen de método. Esa carencia hace que las soluciones parciales prácticamente entren a operar ya en la obsolescencia y sin impacto significativo en el problema público de fondo.
Visión a largo plazo
La base de la transformación del sistema educativo debe partir de una visión a largo plazo, ver la educación que requerirá la población en el futuro y no solo planes remediales (que también deben ponerse en práctica) para tapar las goteras actuales. Pensar en los estudiantes que están en las aulas y olvidarnos de los que deberían estar, es una lectura parcial.
Para formarnos una idea del tamaño de la situación, Costa Rica ocupa la condición de mejorable entre todos los países de la OCDE donde los jóvenes de entre 15 y 19 carecen de empleo, educación o formación (ninis). Un 23,8 % de los hombres en ese rango de edad y un 26,9 % de las mujeres costarricenses son ninis, cuando el promedio de los países de la OCDE está por debajo del 10 % en ambos casos.
El método de trabajo no hay que inventarlo porque ya existe, está probado, y donde se ha aplicado, incluso en Costa Rica, ha dado excelentes resultados.
¿Qué encontramos como factor común en los sistemas educativos de los países más aventajados? Algo muy simple en su forma, que es una política pública y un marco jurídico con visión a largo plazo que garantiza la continuidad de un sistema educativo en el futuro.
Con la adecuada conducción técnica y la participación no de todo el mundo, sino de quienes tienen no solo interés legítimo en resolver el problema, sino también criterios y deseo de aportación, es factible la transformación del sistema educativo, pero no en un mes o tres. Es un proceso que, dada la urgencia, podría tomar un año con la gente idónea y el apoyo de actores clave. Del mismo proceso irán saliendo soluciones para problemas inmediatos también.
El autor es doctor en Gobierno y Políticas Públicas y especialista en prospectiva.
