Columnistas

Políticas prudentes ante la estanflación

La economía mundial está cayendo aceleradamente en estanflación. Estancamiento de la producción e inflación al mismo tiempo. Si cada uno por separado es dañino —uno lleva a ingresos decrecientes, el otro a un fuerte aumento del costo de vida—, combinados serán calamitosos.

El problema se agrava por el hecho de que casi todas las políticas económicas de los gobiernos para contrarrestar la estanflación tienen un pero.

La reacción de los bancos centrales típica ha sido aumentar las tasas de interés para tratar de contener la inflación de precios. Pero esto provocará una mayor contracción de la producción y agudizará el estancamiento.

Además, como buena parte del alza en los precios viene por el lado de la oferta —congestionamiento de puertos, escasez de contenedores, menor producción de granos—, las políticas para aumentar la oferta serían las más adecuadas: aumentar la producción de alimentos mediante el incremento de la productividad e incentivar la producción de energías alternativas para sustituir las fósiles importadas, por ejemplo. El pero es que toman mucho tiempo en surtir efecto.

Y es que el problema a corto plazo es apremiante. Las familias más pobres gastan un mayor porcentaje de su ingreso en alimentos y transporte, que son las categorías en que los precios han subido más. Por otra parte, estas familias son las que tienden a perder más rápido su empleo en condiciones económicas adversas.

La Cepal estima que, producto de la estanflación mundial, el número de familias pobres subirá significativamente en América Latina este año. De ahí que recomiende a los gobiernos destinar recursos para ayudarlas a sobrevivir, mientras las economías salen del bache.

El pero en este caso es que muchos gobiernos están sumamente endeudados, especialmente, después de aplicar medidas de ayudas fiscales durante la pandemia. Eso les deja pocos grados de libertad para actuar sin poner en riesgo su estabilidad financiera.

De ahí que, si se quiere evitar que explote una bomba social, como ha sucedido en varios países de la región, se podría dar algo de ayuda social, pero de manera muy focalizada y eficiente.

No deben cometerse, por ejemplo, los errores del programa del MEP del gobierno anterior, que les entregaba a todos los estudiantes una canasta de alimentos comprada al CNP con un gran sobreprecio.

lmesalles@ecoanalisis.org

El autor es economista.

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