La noticia podría ser, a primera vista, una trivialidad tejida alrededor de un hecho pintoresco. En un lugar de Estados Unidos se reunieron, en serio y en gran número, los defensores de lo que ellos consideran una verdad sin vuelta de hoja, salida de la profundidad de los tiempos: ¡la Tierra es plana! Los asistentes al cónclave renovaron los argumentos científicos y esotéricos que dan sustento a su convicción y, desde luego, refutaron acremente a los estultos que le atribuimos a nuestro planeta la forma de algo que, por decirlo así, se asemeja a una esfera.
Acostumbrados a aceptar que toda creencia encierra cuando menos un mínimo de sensatez, decidimos mirar de cerca esta tan curiosa, sobre todo porque casi todos los asistentes a la reunión “terraplanaria” eran ciudadanos del país que en el último siglo más dinero e inteligencia ha dedicado a explorar el ámbito cósmico en el que nos movemos. Para expresarlo de una manera comprensible en pleno siglo XXI, no comprendemos cómo, disponiendo de la infinidad de magníficos selfis que la NASA les ha tomado desde el espacio a los planetas del sistema solar, en ninguno de los cuales aparece la tierra como una aplanada pieza de vajilla, todavía hay quienes, con sus argumentos, nos invitan a creer que habitamos un frisbee, gigantesco.
Tenemos que olvidar la trillada pregunta sobre cómo, siendo plano nuestro planeta, el agua de los océanos no se le escapa por los bordes. La respuesta se encuentra en el más reciente modelo “terraplanario”: el centro del disco terráqueo está en el Polo Norte, y el continente que los fantasiosos geógrafos llaman la Antártida no existe, ya que en realidad se trata de una muralla de hielo tallada en el borde del “platón terrestre”, con el fin, precisamente, de evitar que el agua líquida se escape. Dicho de otro modo, la Tierra es una piscina redonda con su borde alto y congelado.
Así las cosas, solo se nos ocurre desear que esas ideas estrafalarias no alcancen gran resonancia en un país razonablemente escolarizado como el nuestro. Sin embargo, existe una secta cristiana internacional, de supuesta gran influencia y con franquicia abierta en Costa Rica, que tiene entre sus dogmas el del planeta Tierra con forma de tortilla.
Los niños deberán creerle ¿a su Iglesia o a la escuela, al mito o a la NASA?
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