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Polígono: La etiqueta que engañó a la señora

La gran mayoría le pone glutamato monosódico a los tamales sin darse cuenta.

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Hice un comentario ligero en la red, a propósito de la publicación de unos selfis en los que aparecen apetitosos tamales, listos para el consumo y acompañados de “epitetosas” exaltaciones de sus méritos gustativos. Como en algunos casos el segundo protagonista importante de la foto era un frasco de cierta salsa comercial, mi posteo giraba en torno a dos ideas: la primera apuntaba a que, si el tamal que había modelado era tan exquisito como se decía, resultaba absurdo sugerir que su exquisitez sería adulterada con una salsa de supermercado; la segunda me inducía a confesar que, si yo, cuando era un mocoso, hubiera pedido un frasco de esa salsa para ponérsela a un tamal hecho por mi abuelita, ella, ofendida, me habría mandado para la ducha con el pelo jalado y embarrado de masa.








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