Polígono Inverecundia

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Muchas personas están molestas por la pretensión del cura Minor Calvo de predicar la palabra de Dios desde la cárcel en la que se encuentra recluido por decisión de un tribunal terrenal. Ignoro todo sobre las posibles aptitudes del señor Calvo para ejercer el papel de evangelista, pero me inclino a respetar la autoridad de la Iglesia en esa materia y pienso que si la santa institución que lo ungió no detuvo las actividades del sacerdote antes de que este cayera en las faltas que lo condujeron a prisión, no tiene razones para impedirle ahora el cumplimiento de la sagrada tarea que ella misma le asignó por inspiración divina. De toda forma, el sistema judicial costarricense, al que todos respetamos, lo absolvió de cualquier cargo relacionado con un homicidio y lo sancionó tan solo por haber dispuesto indebidamente de bienes que no eran de su propiedad, de modo que, estrictamente hablando, Calvo transgredió tan solo uno de los Mandamientos de la Ley de Dios, por lo que su nota moral vendría a ser un nueve, o sea un excelente en la escala de uno a diez de nuestro sistema escolar.








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