
La respuesta a la pregunta planteada en el título depende del efecto que tendrá la inteligencia artificial (IA) sobre el mercado laboral y, particularmente, de la eventual aparición de una inteligencia artificial general (IAG) capaz de realizar de forma autónoma una amplia variedad de tareas intelectuales actualmente desempeñadas por seres humanos, con mayor rapidez y a un costo relativo considerablemente menor.
Aunque existe gran incertidumbre sobre cuándo podría desarrollarse una IAG, una de las encuestas más amplias, realizada en el 2023 entre 2.778 investigadores de IA, situó en el 2047 el año en que existiría una probabilidad del 50% de que las máquinas superen a los humanos en todas las tareas; en el 2027, la probabilidad sería del 10%. Otras estimaciones más recientes anticipan que la IAG se alcanzará entre los años 2030 y 2037.
Respecto al impacto en el mercado laboral, se han planteado tres escenarios. En el escenario optimista, la IA aumenta la productividad, crea nuevas actividades económicas y genera más empleos de los que destruye.
En un escenario intermedio, desaparecen millones de puestos de trabajo, pero se crean otros y numerosas ocupaciones se transforman profundamente. Los salarios aumentan para quienes poseen capacidades escasas y complementarias a la IA, mientras que disminuye el valor económico de tareas y conocimientos que se vuelven abundantes, accesibles y baratos.
En la perspectiva pesimista, la automatización avanza más rápidamente que la creación de nuevas tareas y empleos, disminuye la demanda de trabajo y se produce desempleo tecnológico estructural. Persistirían salarios elevados para los trabajadores complementarios a la IA, mientras que quienes se dedican a labores fácilmente sustituibles enfrentarían desempleo o presión a la baja sobre sus salarios.
La aparición de una IAG capaz de realizar la mayoría de las tareas cognitivas humanas podría intensificar estos efectos en magnitudes históricamente desconocidas.
Costa Rica ha competido exitosamente por inversión extranjera gracias a su capital humano, estabilidad, proximidad horaria con Estados Unidos y costos laborales competitivos. Sin embargo, la automatización podría debilitar estas ventajas. ¿Por qué trasladar una operación a Costa Rica que requiere 100 trabajadores si puede realizarse con 10 trabajadores y sistemas avanzados de IA desde el país de origen?
Nuestro país ha desarrollado un importante sector exportador de servicios de contabilidad, finanzas, recursos humanos, soporte técnico, análisis de datos, programación, servicios jurídicos, compras y atención al cliente. Muchas de estas actividades están expuestas a la automatización. Las empresas locales y la Administración Pública no están en absoluto fuera de esta transformación.
Ciertamente, surgen nuevas oportunidades. Costa Rica podría posicionarse en varias áreas: supervisión de sistemas de IA, ciberseguridad, infraestructura digital, centros de datos, auditoría algorítmica y servicios especializados. Pero la transición no será sencilla: las nuevas ocupaciones podrían requerir trabajadores altamente calificados y una rápida transformación de los sistemas educativos y de formación profesional.
La IA podría generar aumentos de productividad sin precedentes, pero si estos se traducen en un crecimiento del PIB acompañado de una menor participación de las remuneraciones laborales en el ingreso nacional, podría debilitarse el financiamiento de la Seguridad Social, el cual se basa fundamentalmente en contribuciones sobre la masa salarial.
Si una empresa sustituye trabajadores por IA, reduce su planilla y las contribuciones sociales asociadas, pero, por otro lado, podría aumentar simultáneamente su productividad, su valor agregado y sus utilidades. La economía podría generar más riqueza mientras disminuye la base salarial que financia la Seguridad Social.
Alternativas
Dado lo anterior, se han planteado distintas respuestas: impuestos a la automatización, un salario básico universal o la diversificación de las fuentes de financiamiento de la Seguridad Social mediante contribuciones vinculadas al valor agregado o a las rentas del capital.
Una contribución sobre el valor agregado de las empresas, ajustada en función de la evolución de la estructura productiva y de la participación de las remuneraciones laborales en el ingreso nacional, podría funcionar como mecanismo compensatorio. Permitiría sustituir parcialmente las contribuciones sobre los salarios y vincular progresivamente el financiamiento de la Seguridad Social con la riqueza generada por una economía cada vez más automatizada.
Deberíamos comenzar a repensar el financiamiento de los regímenes de pensiones y de salud de nuestro país. En una economía que podría necesitar progresivamente menos trabajo humano y en la cual una proporción creciente del ingreso nacional podría trasladarse del trabajo al capital, delimitar las discusiones a si las pensiones deben financiarse mediante sistemas de reparto, capitalización colectiva o cuentas individuales ya no tendrá la relevancia que hasta hoy le hemos dado.
La cuestión fundamental será otra: ¿cómo financiar la Seguridad Social y distribuir los aumentos de productividad en una economía en la que la generación de riqueza podría depender cada vez menos del trabajo humano?
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Yanni Sterloff es abogado especialista en regulación de los mercados financieros y pensiones.
