Velia Govaere. 24 febrero

Más grave que la deuda que nos aplasta, es el peso de ideologías obsoletas que nos amarran. El lastre conceptual secuestra nuestra imaginación a punto de síndrome de Estocolmo. Nos acomodamos con simpatía en nuestras ataduras y sonreímos a la más leve insinuación de alivio. Solo así se entiende el arrebato por una vaga mención de venta de activos del Estado.

Las propuestas de Rodrigo Chaves merecen respaldo y, en general, lo tienen. Tal vez necesita afilar lápiz y adecuar mejor los medios. Por ejemplo, la evasión es estructural y anclada en la informalidad. Pyme que se formaliza quiebra, y eso escapa a la mejor tecnología. La Caja erige obstáculos sistémicos a la supervivencia de pymes, con el costo de cuotas patronales y protagonismo persecutorio.

El valor de Bicsa o Fanal no llegan, al decir de doña Rocío Aguilar, ni al valor de los “aretes de fantasía” de la abuela.

Tal vez el aprieto político demandaba frónesis: lo esencial, sin distracciones menores, como el secreto bancario o la venta de mínimos activos estatales. Lo primero solo hace ruido y lo otro es… fútil. El valor de Bicsa o Fanal no llegan, al decir de doña Rocío Aguilar, ni al valor de los “aretes de fantasía” de la abuela. En libros, Bicsa alcanza justo el costo del incremento de intereses por la degradación de nuestra calificación de riesgo. Fanal no ameritaría la tinta de esta columna si no fuera como ejemplo aberrante del poder de la ideología en la parálisis crónica de nuestras indecisiones.

Pero, puestos en el trance de tocar el sanctasanctórum de ideologías obsoletas, ¿por qué no un debate en toda la línea? Ahí está el INS, con activos que financiarían un fondo estatal de promoción de innovación. Ahí, el ICE, con deudas hasta la coronilla, que se aliviarían con la venta de su participación en telecomunicaciones para respiro de facturas eléctricas que agobian nuestra competitividad. Ahí, los bancos estatales, donde dos sobran y no es seguro que necesitemos uno. Ahí, el CNP, caro, ineficiente y subsidiado. Ahí, Racsa, que atrasó por años nuestra conectividad y en su altar se sacrificó Mer-Link para daño atroz del gasto público. Ahí, Recope, mamotreto disfuncional y trasnochado. Tan curtida tenemos la entelequia del Estado empresario que dejamos que nuestra solvencia se degrade, pero no nos soltamos de las amarras del anacronismo ideológico.

La autora es catedrática de la UNED.