Roberto Sasso. Hace 4 días

La trazabilidad de toda clase de productos siempre ha sido deseable, mas no siempre ha sido factible. A todos nos gustaría tener la seguridad de que lo que venden como orgánico, en efecto, lo sea; o que el café —o el vino— de verdad venga de donde dice venir.

El primer problema de la trazabilidad es la recolección de los datos durante la cadena de abastecimiento. Si hay seres humanos digitando la información, va a tener errores y para muchas aplicaciones —como medicinas o licores adulterados— sencillamente no sirve, además de que puede resultar más caro el caldo. El segundo problema es la confiabilidad de que los datos recabados no hayan sido modificados. Las bases de datos tradicionales son sumamente propensas a alteraciones no autorizadas, tanto por hackers externos como internos.

Apogeo. Recientemente ha habido un auge en sistemas de trazabilidad para aplicaciones que antes no eran rentables. No hace mucho vi un anuncio de IBM en el que se mencionaba un sistema de trazabilidad del café de Kenia basado en blockchain. Imagino que la recolección de datos se hace con Internet de las cosas. Así, cuando vacían la cajuela en el camión, un lector lee el código de la cajuela, que contiene toda la información de lugar, fecha, etc. Cuando el camión entrega el café en el beneficio, un sensor lee el código del camión, y así sucesivamente hasta que entregan el café al supermercado, de manera que el cliente final puede escanear el código del empaque con su teléfono, y obtener todo el historial de cuándo y dónde proviene, e incluso por donde pasó para llegar hasta allí. Obviamente, cada vez que un sensor lee un código, registra esos datos en un blockchain, el cual es inmutable.

El sistema de trazabilidad del café no puede sumarle más de unos centavos, tal vez un dólar, al kilo de café. La convergencia de Internet de las cosas y blockchain lo hacen posible. Probablemente, si le cargaran el costo del anuncio —creo que era la final de Wimbledon— al mismo sistema, no sería viable.

Para qué. Como vemos, existe la tecnología suficientemente barata y segura para poner en marcha sistemas de trazabilidad, los cuales hace pocos años no eran financieramente viables.

Pero antes de salir corriendo a ejecutar sistemas de trazabilidad, debemos preguntarnos para qué queremos la trazabilidad. ¿Para asegurar al cliente de la procedencia del producto o para dar confianza de que la cadena de frío nunca se rompió desde el origen hasta el destino —muy importante en algunos medicamentos —? ¿O es para otros motivos? Uno válido para algunos productos en ciertas latitudes es el control fiscal (aduanero). Si le ponemos suficientes impuestos a algunos productos, además de aumentar la recaudación, promovemos el contrabando. Lo último que los contrabandistas quieren es que les quiten los impuestos a los artículos.

Contrabando. Si en aduanas le ponen códigos (marchamos) a los productos, los contrabandistas se dan a la tarea de falsificar los marchamos, lo cual obliga a buscar tecnología que sea bien difícil, o cara, de falsificar. El problema puede ser que si es caro de falsificar, también es caro de producir, lo cual a su vez nos lleva a preguntarnos si es correcto permitir el contrabando porque es más barato aceptarlo que combatirlo. Claro está que reduciendo los impuestos de importación se acaba el contrabando, en tanto se les reduce el margen a los contrabandistas.

Tal vez el motivo más válido de todos los que llevan a sistemas de trazabilidad es la salud pública. Para combatir la adulteración de productos, como licores, y medicamentos. Como vimos muy tristemente, en el caso del guaro adulterado puede costar muchas vidas. Con respecto a esto, el análisis costo/beneficio pierde sentido.

Pero para proteger la salud tal vez no hagan falta sistemas muy sofisticados ni caros. Hace pocos meses vi una presentación en TED de lo que hicieron en un país africano donde tenían un serio problema de falsificación de medicinas; un porcentaje altísimo de medicamentos eran falsos. Sencillamente les pusieron un código alfanumérico a los medicamentos auténticos y habilitaron un número telefónico para que el cliente, antes de comprar la medicina, envíe un mensaje de texto gratis con dicho código y de inmediato recibe una respuesta, positiva o negativa.

Con mucha frecuencia, las soluciones más sencillas son las mejores.

El autor es ingeniero, presidente del Club de Investigación Tecnológica y organizador del TEDxPuraVida.