Víctor Umaña. 24 abril

Patrick Messerlin, economista francés que ha dedicado su vida a la promoción del comercio internacional como motor del desarrollo, solía empezar sus clases con la siguiente pregunta: ¿Para qué exportar? E inmediatamente respondía: para poder importar. Así es, exportamos aquellas cosas en lo que somos buenos e importamos las que necesitamos.

El comercio ha sido la punta de lanza del desarrollo económico de Costa Rica. Primero café, después banano y hoy miles de bienes y servicios se exportan a todo el mundo. A cambio, el país ha podido importar trenes, vehículos, alimentos, medicinas, conocimiento y tecnología.

.Cada semana esperamos con ansias el vuelo que trae el contingente de vacunas para la lucha contra la covid-19. La disponibilidad y acceso a las vacunas sería imposible sin el comercio internacional, así como también las divisas por las exportaciones.

La vacuna típica contra la covid-19 tiene 20 ingredientes que son provistos por empresas localizadas en diferentes países y continentes. La cadena de valor depende entonces de la apertura comercial, de la logística asociada, de la transferencia de tecnología, de conocimientos tácitos, de la cooperación entre empresas y de los incentivos para incrementar la producción y comercialización de vacunas.

Fortalecer la OMC. Establecidas las bondades del comercio, cabe preguntarse cuáles son los retos que se avecinan en la coyuntura sanitaria actual y los cambios recientes en la geopolítica.

En el plano global, el sistema multilateral de comercio, encabezado por la Organización Mundial del Comercio (OMC), sigue debilitado, principalmente, por los ataques de Estados Unidos durante la administración de Donald Trump al sistema de solución de diferencias, la reticencia de China a modificar algunas de sus prácticas comerciales y por la falta de voluntad de otros gobiernos para mejorar la eficacia de la organización.

Preservar la existencia y las facultades de la OMC debe ser la máxima prioridad para Costa Rica. El país, pese a su tamaño, es un actor clave dentro de la organización y ha logrado triunfos importantísimos, desde la primera controversia sobre textiles hasta la solución definitiva del conflicto bananero.

En ambos casos, el país se mantuvo firme y el derecho internacional amparó sus victorias ante potencias comerciales como Estados Unidos y la Unión Europea. Parte de los retos actuales conllevan no solo continuar apoyando la transición hacia un comercio internacional libre y transparente, sobre todo agrícola, sino también una participación efectiva en las negociaciones de varios acuerdos plurilaterales para liberalizar el comercio de bienes ambientales, reglas sobre comercio digital, facilitación de la inversión y disciplinas para el comercio de servicios.

Política inconveniente. En lo que corresponde a la agenda comercial regional y bilateral, el gobierno de Costa Rica decidió no ir en pos de nuevas oportunidades. Luego de una actitud vacilante, el presidente Alvarado decidió sepultar la posibilidad de que el país pudiera ser parte de la Alianza del Pacífico, bloque comercial conformado por Colombia, Chile, Perú y México.

Los miembros de ese grupo son en conjunto la octava economía del mundo y engloban a 230 millones de consumidores con un PIB per cápita promedio de $19.000. La Alianza es más que un acuerdo comercial, pues incluye cooperación en áreas relacionadas con la inversión, la promoción del emprendimiento, educación, salud y tecnología.

Se caracteriza por su pragmatismo, el cual, coincidentemente, ha sido valor de la política comercial costarricense. No hay razones de peso para dilatar el acceso de Costa Rica al bloque. Las preocupaciones de carácter defensivo pueden ser acomodadas en los mecanismos actuales de la Alianza y, más bien, son muchísimas las oportunidades que se le abrirían al país, sobre todo de cara a Asia y la futura integración en la cuenca del Pacífico.

Para que Costa Rica siga teniendo éxito en la economía global, debe continuar no solo la expansión y profundización de la red de acuerdos comerciales, sino también el crecimiento de la oferta y la promoción inteligente de sus exportaciones.

Es necesario poner atención a varios hechos específicos. Mis colegas Ronald Arce y Porfirio Guevara, investigadores del Incae, determinaron en un estudio del 2019 que pocas empresas, productos y destinos representan una proporción cada vez mayor de la actividad exportadora. Determinaron que cada año aparecen menos productos nuevos y la tasa de salida ha aumentado para empresas exportadoras y destinos.

Parte de las soluciones están en marcha. Es imprescindible la creación y promoción de empresas exportadoras. Los programas de Procomer, el INA y otros socios van en esa dirección, pero necesitan aumentar.

Hay que descubrir nuevas oportunidades para productos y servicios, que incorporen los atributos diferenciadores de nuestro país, con especial énfasis en la agricultura y la pesca.

En la práctica, la búsqueda de oportunidades comerciales requiere entender los cambios en la demanda, anticipar los movimientos de los competidores, entender el funcionamiento de las cadenas globales de valor y la identificación de clientes potenciales. Herramientas como la inteligencia artificial (IA) ya se utilizan en el desarrollo y la gestión de las cadenas globales de valor.

La IA contribuye a mejorar las predicciones de tendencias futuras, tales como cambios en la demanda de los consumidores, y a gestionar mejor el riesgo a lo largo de la cadena de suministro.

Para seguir aprovechando la plataforma comercial del país, es necesario que el Ministerio de Comercio Exterior defina una política de inversión que involucre de manera específica la atracción de inversiones hacia las zonas rurales. Solo así los beneficios de la integración con la economía global llegarán a las costas y fronteras a través de más y mejores empleos, mayores opciones empresariales y progreso social para sus habitantes.

El autor es economista.